Álvaro Carrillo gestionaba el alquiler de un piso de su abuela en el centro de Málaga cuando recibió una propuesta para cobrar el doble por la misma vivienda. La renta era de 400 euros mensuales, pero una inmobiliaria le planteó que podían pedir 800. El joven contó el caso en laSexta Xplica, para explicar por qué no querían aprovechar esa posibilidad.
“La inmobiliaria nos dijo que podríamos pedir 800 euros”, relató. Sin embargo, su familia entendía que el alquiler debía permitir a los inquilinos conservar margen para ahorrar y, si querían, comprar una vivienda en el futuro. Su criterio tenía en cuenta esa posibilidad de progresar. La propuesta de duplicar la mensualidad chocaba, por tanto, con el sentido que ellos daban al arrendamiento.
Cobrar más no era el único criterio de la familia
En este sentido, Carrillo describió el inmueble como una vivienda pequeña, con una habitación, baño y cocina. Consideraba que los 400 euros eran un precio justo y denunció que distintas agencias habían contactado con él para sugerirle subidas. Las dificultades de personas cercanas para pagar un alquiler influían en su decisión.
La diferencia entre ambas cantidades permite entender la dimensión del planteamiento. Pasar de 400 a 800 euros habría supuesto otros 4.800 euros anuales de renta para la propiedad. Para quien viviera en el piso, esa misma cifra se habría convertido en un gasto adicional. El cambio afectaba directamente al dinero disponible después de pagar la vivienda, aunque el inmueble y sus características siguieran siendo los mismos.
Un alquiler que dejara espacio para ahorrar
De esta manera, la postura de Álvaro situaba el ahorro del inquilino dentro de la decisión sobre el precio. Pagar una mensualidad asumible permite organizar otros gastos y reservar dinero para proyectos posteriores. En su explicación, la vivienda debía cumplir esa función durante una etapa de la vida. La posibilidad de obtener más ingresos existía, pero no determinaba por sí sola cuánto quería cobrar la familia.
Así pues, su testimonio pone el foco en una elección concreta: mantener una renta por debajo de lo que les proponía la inmobiliaria. Lo que explicó entonces fue por qué preferían dejar margen económico a los inquilinos antes que duplicar el alquiler. Algo que pocas veces llega a suceder.
