Alexia Putellas sobre sus padres: “Se levantaban cada día a las seis de la mañana y el fin de semana también”

Alexia Putellas ha recordado sus primeros años en el fútbol desde una perspectiva ligada al sacrificio familiar. Antes de los estadios, los títulos y los premios individuales, hubo mañanas tempranas, viajes y fines de semana organizados alrededor de partidos. Ella era una niña que quería jugar; sus padres eran quienes hacían posible que pudiera hacerlo sin convertir cada desplazamiento en una carga.

“Valorabas mucho que tus padres se levantaran a las seis de la mañana cada día para ir a trabajar y que el fin de semana también madrugaran para llevarte a jugar”, ha explicado. Aquella rutina le hizo entender pronto que su sueño no dependía únicamente de su talento. Cada entrenamiento implicaba tiempo, gasolina, horarios y descanso sacrificado por una familia que apostaba por ella.

Sus padres sacrificaban también los fines de semana

Su padre y su madre trabajaban durante la semana y, cuando llegaba el sábado o el domingo, volvían a poner el despertador temprano. No era obligación profesional ni una actividad que les proporcionara algo directamente. Lo hacían para acompañar a su hija, esperar durante los partidos y recorrer los kilómetros necesarios para que pudiera competir y continuar creciendo dentro de un fútbol femenino con menos recursos.

Alexia Putellas London City Lionesses
Alexia Putellas London City Lionesses

Ese esfuerzo ayudó a construir la mentalidad de Alexia. Cuando alguien a tu alrededor renuncia a horas de sueño y tiempo libre para que puedas perseguir una oportunidad, entrenar deja de ser una diversión. La futbolista aprendió a valorar cada sesión y a entender que abandonar ante la primera dificultad también significaba desperdiciar parte de todo aquello que otras personas estaban haciendo por ella.

El esfuerzo familiar terminó marcando su carácter

Con el tiempo llegaron el Barça, la selección, los títulos y el reconocimiento internacional, pero Alexia nunca ha separado sus éxitos de aquellos años. Su padre, especialmente, fue una figura fundamental en su relación con el fútbol y continuó acompañándola mientras pudo. Perderlo cuando ella tenía 18 años transformó profundamente una relación que aparece en muchos de sus recuerdos deportivos.

Por eso, cuando habla de sus inicios, Alexia no empieza por los goles ni por las condiciones técnicas que ya destacaban cuando era pequeña. Empieza por un despertador sonando a las seis de la mañana. Para ella, esa imagen resume mejor el camino hacia la élite: unos padres que trabajaban durante toda la semana y que, cuando podían descansar, volvían a madrugar para llevarla a jugar. El talento abrió puertas, pero antes hubo una familia dispuesta a sostener cada paso sin saber hasta dónde llegaría.