Albert Om ha puesto palabras a una situación que muchas familias empiezan a reconocer cuando los padres envejecen. En una entrevista con La Vanguardia, el periodista reflexionó sobre la dificultad de aceptar que aquellas personas que durante décadas parecían capaces de resolverlo todo empiezan a necesitar ayuda. "Creo que con los padres tenemos un punto de crueldad", explicaba al hablar de esa transición.
Su reflexión parte de una contradicción bastante cotidiana. Los hijos saben racionalmente que sus padres se hacen mayores, pero muchas veces continúan esperando de ellos exactamente las mismas respuestas, memoria, autonomía o rapidez que tenían años atrás. Cuando empiezan a aparecer limitaciones, resulta fácil responder con impaciencia antes de asumir que lo que está cambiando no es su voluntad, sino sus capacidades.
Cuando repetir una cosa empieza a generar impaciencia
Om lo vivió directamente en casa. Su padre comenzó a perder audición y posteriormente apareció la demencia, mientras que su madre afrontó distintos cánceres. Ese proceso le hizo darse cuenta de algo incómodo: cuando tenía que repetir varias veces una misma explicación podía enfadarse, aunque aquello formara parte precisamente del envejecimiento.
La escena puede resultar familiar para muchos adultos. Una conversación que antes era inmediata empieza a requerir más tiempo, una gestión cotidiana necesita ayuda o una información debe explicarse varias veces. El problema aparece cuando los hijos interpretan esa lentitud desde sus propias prisas y no desde la realidad de quien está envejeciendo.
Aceptar que los papeles también terminan cambiando
Durante buena parte de la vida ocurre lo contrario. Son los padres quienes esperan, repiten, acompañan y ayudan a sus hijos cuando todavía no saben hacer determinadas cosas. Con los años, esa relación puede invertirse sin que ninguna de las dos partes esté preparada para reconocerlo.
Ahí está probablemente la parte más interesante de la reflexión de Albert Om. No habla únicamente de cuidar a los padres, sino de modificar las expectativas que se depositan sobre ellos. Seguir exigiéndoles las mismas "prestaciones", como él mismo las define, puede acabar generando frustración a ambos lados. Aceptar el envejecimiento de los padres también significa entender que algunas cosas ya no volverán a funcionar exactamente igual. Habrá que repetir, esperar o acompañar más.
Om reconoce que él mismo necesitó aprenderlo mientras sucedía. Y quizá esa sea la parte más difícil: darse cuenta a tiempo de que la paciencia que ahora necesitan nuestros padres se parece mucho a la que ellos tuvieron durante años con nosotros.
