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Aitana Ocaña convirtió uno de los recuerdos más curiosos de su infancia en el concepto de uno de sus discos más personales. La cantante creció en una habitación completamente azul porque, durante buena parte del embarazo de su madre, sus padres pensaban que iba a ser un niño. Cuando descubrieron que finalmente sería una niña, el dormitorio ya estaba pintado y decidieron dejarlo exactamente como estaba.

“Mis padres pensaban que yo iba a ser un niño hasta los seis meses”, explicó Aitana al recordar aquel episodio. Incluso habían comprado ropa pensando en un niño y manejaban nombres como Hugo o Izan. El error se corrigió después de otra prueba médica, pero el cuarto azul permaneció y terminó acompañándola durante sus primeros años de vida en Viladecans.

El cuarto azul terminó convirtiéndose en su refugio

Lo que podría haberse quedado en una simple anécdota familiar acabó adquiriendo un significado mucho más profundo con el paso del tiempo. Aitana vivió en aquella habitación hasta aproximadamente los ocho o nueve años, antes de trasladarse con su familia a Sant Climent de Llobregat. Para ella, el azul nunca quedó asociado únicamente a aquella equivocación previa a su nacimiento.

Aitana Gtres (13)

La cantante ha explicado que ese color representa tranquilidad, paz y la sensación de estar en un lugar seguro. Precisamente por eso decidió recuperar el recuerdo cuando atravesó una etapa personal complicada y buscaba una idea que simbolizara regresar a sus raíces y reencontrarse consigo misma.

Una historia de infancia terminó dando nombre a su disco

De ahí nació el título Cuarto azul. Aitana compuso buena parte del proyecto después de un 2024 que ella misma describió como difícil a nivel emocional. Frente a canciones relacionadas con la tristeza, la ansiedad o la frustración, el dormitorio de su infancia aparecía como la imagen a la que podía regresar para sentirse protegida. También ha bromeado con el hecho de que aquel dormitorio rompiera involuntariamente con la asociación tradicional entre azul para niños y rosa para niñas. Sus padres no volvieron a pintar la habitación cuando supieron que tendrían una hija.

Décadas después, ese detalle aparentemente insignificante ha terminado formando parte de su identidad artística. La habitación que se preparó pensando que allí dormiría un niño acabó siendo uno de los espacios más importantes de la infancia de Aitana y, años más tarde, el símbolo elegido para explicar uno de los momentos más personales de su carrera.