Aitana Bonmatí siempre ha mantenido un vínculo muy fuerte con Sant Pere de Ribes, el municipio en el que nació y creció. Incluso cuando empezó a consolidarse en el Barça y pasó a vivir parte de la semana en Barcelona, nunca terminó de sentirse completamente identificada con la vida en la ciudad. “Tengo piso en Barcelona, pero también tengo casa en Sant Pere de Ribes y siempre que puedo me voy”, explicó en una entrevista con El País.
La frase ayuda a entender una parte importante de su personalidad. En aquella conversación, Bonmatí explicaba que el piso de Barcelona se lo proporcionaba el propio club y que lo compartía con compañeras, pero que su verdadera comodidad seguía estando en su pueblo. Allí encontraba tranquilidad, amigos y un entorno mucho más parecido al que había conocido durante toda su infancia.
Sant Pere de Ribes sigue siendo su refugio
Aitana nunca ha ocultado que se siente profundamente vinculada a sus orígenes. Años después de aquella entrevista continuó hablando de Sant Pere de Ribes como el lugar donde se siente realmente en casa. En 2025, después de ganar su tercer Balón de Oro consecutivo, llegó a definir la plaza de su pueblo junto a sus amigos como su “zona de confort”.

Ese apego también se refleja en su vida familiar. En otra entrevista explicó que sus padres continúan viviendo en el mismo municipio, aunque en una casa distinta a la suya. Bonmatí ha contado que siempre fue muy independiente, pero que mantiene cerca a su familia y recurre a ellos cuando necesita apoyo o consejo.
Barcelona por trabajo, el pueblo para desconectar
La relación con Barcelona ha estado siempre condicionada por el fútbol. Entrenamientos, partidos y compromisos profesionales la obligaron desde muy joven a pasar mucho tiempo en la ciudad, pero nunca quiso romper con el lugar del que venía. Sant Pere de Ribes siguió siendo el espacio al que regresar cuando necesitaba desconectar de la exigencia competitiva.
Con el paso de los años, aquella futbolista que compartía piso facilitado por el Barça se convirtió en una de las mejores jugadoras del mundo, pero su manera de hablar del hogar apenas cambió. Su carrera puede haberse construido en Barcelona y alrededor del fútbol de élite, pero su refugio continúa estando en el mismo sitio.
Por eso aquella frase de 2018 conserva tanto sentido hoy. Entre Barcelona y Sant Pere de Ribes, Aitana nunca ha escondido dónde se siente más cómoda: en su pueblo, lejos del ruido y cerca de la vida que conocía antes de convertirse en una estrella mundial.