Llevan unos días los diarios del Trío de la Bencina —hoy se les agrega El Periódico— encuadrando en sus portadas la narrativa de que el cambio de ciclo político es inevitable y Alberto Núñez Feijóo acabará en la Moncloa quieras no quieras. El PP encabeza todas las encuestas serias y sobre este hecho hay diarios que tocan campanas de cambio. Extienden la sensación que ya está todo cerrado. Aun no. Quedan cartas por jugar. Las elecciones del 23 de julio no están cerradas, tanto porque más de un 20% de los ciudadanos aun no ha decidido su voto como porque los resultados de las encuestas no son concluyentes si se consideran por bloques políticos. Un regate en una baldosa. La utilidad de instalar la narrativa de la inevitabilidad de un bloque o de un candidato en unas elecciones tan disputadas es estimular y consolidar el voto en el partido o bloque que se presenta como ganador y, sobre todo, desanimar a los votantes del partido o bloque que aparece como perdedor.

Hay toda una técnica de campaña que acompaña este esfuerzo. Por ejemplo los típicos buzoneos de propaganda que promueve el mensaje que todos los partidos son iguales, que los políticos son unos sinvergüenzas y que da igual si no vas a votar. A nadie le gusta perder, de manera que los que tienen más probabilidades de ser desanimados —y de quedarse en casa— son los ciudadanos que piensan votar al partido o bloque presentado como perdedor. Al mismo tiempo, se estimula a los indecisos a escoger en el presunto partido o bloque. Otro efecto que se busca con el cuento de la inevitabilidad es mover votos dentro del mismo bloque hacia el partido en lo que se da por vencedor. De Vox al PP o de Sumar al PSOE. Si lees las portadas con este foco puedes entender mejor los titulares. Sobre todo de los diarios de Madrid, que hace semanas y meses que no tienen vergüenza en hacer campaña descarada por uno u otro bloque. Los de Barcelona, desgraciadamente, hace días que han perdido el interés de portada por las elecciones generales.

Que El País destaque cómo el PP no se priva de pactar con Vox allí donde necesita a la ultraderecha para gobernar se entiende mejor en este contexto, por ejemplo. Hoy abren con este título: "El PP consuma la alianza en Extremadura con Vox tras el choque inicial". El mensaje está en el "tras" y lo que sigue. Si se lo hubieran ahorrado no pasaría nada. En realidad, sin embargo, lo que pretenden decir no es que hay un gobierno más de coalición entre Vox y el PP, sino que el PP no tiene palabra y que, si los votas, regalas el voto al partido ultra.

Otro detalle interesante es como La Razón y El Mundo remachan el relato de la irremediable victoria del PP. Por una parte, nunca mencionan que solo puede llegar de la mano de Vox, que hace bailar a los peperos a su antojo (y no parecen muy descontentos). Por otra, remarcan el esfuerzo de los de Feijóo por obtener una mayoría que no necesite Vox —hoy por hoy, eso es más un deseo que una probabilidad— para contrarrestar el desagrado que causa la coalición con la extrema derecha. Finalmente, dicen que el PSOE ha lanzado la toalla, se ha desanimado y no lucha. No pienses que todo eso no es el fruto de una conspiración carbonaria a oscuras, orquestada miedo unos poderes ocultos. Tiene más que ver con la inercia de esos diarios, su cultura interna, su mentalidad. Ya hace demasiado tiempo que han decidido que el periodismo no es hacer información sino la política por otros medios.

El País
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El Mundo
El Mundo
ABC
ABC
La Razón
La Razón
La Vanguardia
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El Periódico
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El Punt Avui
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Ahora
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