Tal día como hoy del año 1647, hace 379 años, en Palermo (reino de Sicilia, estado de la monarquía hispánica), moría Pedro Fajardo de Requesens y Pimentel, marqués de Los Vélez, militar del ejército hispánico y, en el momento de su muerte, virrey hispánico en Sicilia. Los Vélez pasaría a la historia en 1640 (siete años antes de su muerte) cuando, después del Corpus de Sangre (7 de junio), que marcaba el inicio de la revolución de los Segadors y del pacto de Ceret (7 de septiembre), que señalaba el principio de la guerra de Separación de Catalunya (1640-1652/59), le fue encomendada la dirección del ejército hispánico que intentó reprimir la revolución catalana, causando miles de muertes civiles.
Los Vélez, al frente de un ejército de 24.000 efectivos, inició la conquista de Catalunya por el sur. Tras vencer a la resistencia de Tortosa, ordenó el asesinato de docenas de civiles encuadrados en la Coronela que habían participado en la defensa de la ciudad. Acto seguido, prosiguió su particular orgía de sangre por Tivenys, Xerta, Aldover y L'Hospitalet de l'Infant —masacrando a centenares de vecinos que hacían frente a la invasión hispánica— hasta que llegó a Cambrils. Cuando consiguió acceder al interior de la plaza, ordenó el asesinato de 700 vecinos (hombres, mujeres y niños), que representaban las tres cuartas partes de la población de la villa.
El ejército de Los Vélez continuó su macabra marcha hasta que, el 26 de enero de 1641, fue derrotado a las puertas de Barcelona por la alianza militar catalano-francesa que se había pactado en Ceret el año anterior (septiembre, 1640). La huida y deserción de una parte importante de su ejército parecía que le costaría la carrera militar y política. Y, de hecho, permanecería en el ostracismo hasta que en 1644, Luis Méndez de Haro —sobrino y sucesor del primer ministro Olivares— lo nombró virrey de Sicilia. Allí vivió la revolución palermitana de 1647, con abandono del cargo y huida incluida, que sería el detonante del fin definitivo de su carrera.
Murió, según las fuentes oficiales, cuando ya se le había comunicado que Méndez de Haro lo había destituido. Según la investigación historiográfica, murió a causa de un infarto que le habría provocado la presión del cargo y la incapacidad para asumir las responsabilidades que se le habían encomendado. Pero la tradición siciliana explica que murió envenenado —sufriendo unos dolores terribles— por alguien de su servicio que quería vengar el baño de sangre al que había sometido la ciudad cuando regresó de su huida —con refuerzos militares hispánicos— y había aplicado una brutal represión contra las clases populares palermitanas, causando cientos de muertos entre la población civil.
