Tal día como hoy del año 1712, hace 314 años, en Maó (Menorca) y en el contexto de la Guerra de Sucesión hispánica (1701-1714/15), el comandante John Campbell —embajador británico ante la cancillería borbónica de Madrid y segundo duque de la estirpe escocesa Argyll, del castillo de Inveraray—, confirmaba la soberanía definitiva de Gran Bretaña sobre la isla de Menorca. Este estatus se había iniciado en 1708, con la conquista militar de la isla a manos de una flota naval de la alianza internacional austriacista liderada por el capitán, también británico, James Stanhope.
La renuncia del régimen borbónico español a la soberanía sobre Menorca —y su definitiva transferencia a una de las potencias de la alianza austriacista— era fruto de las negociaciones de paz de Utrecht (1712-1713) para poner fin al conflicto sucesorio hispánico. En aquellas negociaciones de paz, los cancilleres franceses de Luis XIV habían impuesto a los españoles de Felipe V la entrega de Menorca y de Gibraltar a Gran Bretaña para conseguir que los británicos reconocieran al Borbón español y se retiraran del conflicto.
La dominación británica, con algún pequeño paréntesis temporal, se prolongó durante 90 años, hasta 1802. Durante esta "etapa británica", la isla de Menorca conoció un desarrollo económico, demográfico y cultural inédito en su historia. Y la lengua catalana conservó el rango de oficialidad junto con el inglés, hecho que contrastaba con la persecución contra el catalán que, desde 1715, el régimen borbónico había desatado en Mallorca y en Ibiza. Con la reincorporación de Menorca al edificio político español, se produjo el fin repentino del "siglo de oro menorquín".