Tal día como hoy del año 1464, hace 566 años, llegaba a Barcelona el infante Pedro de Portugal, hijo de Isabel de Urgell y nieto del conde Jaime de Urgell (el candidato de la aristocracia catalanoaragonesa al trono de Barcelona durante la asamblea compromisaria de Caspe, 1412) y de su esposa Isabel de Aragón (hija del rey Pedro III de Catalunya-Aragón). Pedro era, también, hijo de Pedro de Portugal (el esposo de Isabel de Urgell) y, por tanto, era nieto del rey Juan I de Portugal. Esto quería decir que era nieto y bisnieto de reyes. Durante la minoría de su primo Alfonso V de Portugal (1438-1448), había sido condestable (máxima autoridad militar del reino). Por este motivo, en Catalunya fue llamado “el Condestable”.

Pedro llegó a Barcelona para ser proclamado conde de Barcelona. Dos años antes había estallado la Guerra Civil catalana (1462-1472), que enfrentaría, por un lado, a la corona, las clases mercantiles y el campesinado de remensa, y, por otro, a la aristocracia feudal —propietaria de los grandes latifundios rurales— y la oligarquía rentista de Barcelona. En aquel momento, la Generalitat estaba dominada por este segundo grupo (los diputados eclesiástico y nobiliario eran grandes propietarios feudales y el diputado real era un miembro de la oligarquía rentista urbana). Y habían cesado al rey Juan II y habían ofrecido la corona al rey Enrique IV de Castilla y León, hermanastro mayor de la futura Isabel la Católica. La negativa de Enrique (1462) los llevaría hasta Pedro, descendiente de Jaime de Urgell.

Pedro no tuvo éxito en su gobierno. El país estaba muy inflamado y las derrotas militares que sufrió al inicio de su mandato (Lleida, Vilafranca) provocaron que los mismos que le habían ofrecido la dirección del país comenzaran a cuestionar su valía. En el plano internacional, tuvo un ligero apoyo de Portugal. Y se acercó al eje Inglaterra-Borgoña; principalmente porque Juan II tenía tratos con la cancillería francesa, enemiga de los anglo-borgoñones en la Guerra de los Cien Años. Tras cuatro años de combates, acabaría muriendo de tisis en Granollers, en el palacio de la familia aristocrática de los Montbui-Tagamanent (1466). Tenía 37 años. Acto seguido, el partido feudal catalán ofreció el cargo a Renato de Anjou, nieto de Pedro III de Catalunya-Aragón.