Evacúan a los últimos habitantes de la historia de la isla escocesa de Saint-Kilda

Tal día como hoy del año 1930, hace 96 años, el barco HSM Harebell —de la marina de guerra británica— evacuaba a los últimos 36 habitantes (13 hombres, 10 mujeres y 13 niños y niñas) de la isla escocesa de Saint-Kilda, situada a unas 75 millas al oeste de la costa central de las islas Hébridas (al noroeste de Escocia). Aquella comunidad evacuada era la última presencia poblacional de una sociedad que remontaba su existencia a unos 7.000 años. Desde la edad de los metales (milenios VII a V a. C.), la isla de Saint-Kilda había estado habitada ininterrumpidamente.

El nombre de la isla de Saint-Kilda no obedecía a ninguna devoción religiosa, sino que era fruto de un error cartográfico. La documentación medieval la identifica como el archipiélago de Skildar. Pero, a partir del siglo XVI, por alguna razón no probada las cartas de navegación modernas pasan a llamarla Saint-Kilda. La teoría más aceptada es que, a causa de un error de transcripción, Skildar —que en la lengua escandinava de los vikingos, significaría "escudo", por el dibujo sobre el mapa que forman la isla principal y los islotes que la rodean— derivaría hacia Saint-Kilda.

La evacuación de aquellos últimos pobladores respondía a las durísimas condiciones de vida que habían soportado las generaciones inmediatamente precedentes. La extrema dependencia alimentaria y sanitaria del exterior (y que, en muchas ocasiones, por las condiciones meteorológicas era muy dificultosa) animaría al gobierno de Londres —presidido por el laborista escocés James R. Mac Donald— a ordenar la evacuación. La mayoría de los evacuados fueron emplazados en Inverness —la capital de las Tierras Altas escocesas— y se les ofreció ocupaciones públicas.

Según las fuentes de la época, la lengua de aquella última comunidad era el gaélico, con importantes influencias de la lengua escandinava de los vikingos que llegaron y se mestizaron con la población autóctona céltica (siglos IX y X). Con la evacuación de 1930, el gaélico de Saint-Kilda desaparecería, progresivamente, con la adaptación de aquella comunidad a los nuevos universos socioculturales, dominados por el inglés. Pero, a pesar de ello, se produciría la paradoja de que el Estado británico reclutaría trabajadores públicos de Saint-Kilda que no conocían la lengua inglesa, única oficial.