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Tal día como hoy del año 1707, hace 319 años, en Lleida y en el contexto de la guerra de Sucesión hispánica (1705-1714/15), el ejército borbónico francocastellano que el día anterior había vencido la resistencia de la ciudad se entregaba al saqueo y asesinato de todas las personas de condición civil y desarmadas que no se habían podido refugiar en el interior del anillo superior de murallas (el que rodeaba la Seu Vella y el Castell del Rei). El ejército borbónico, comandado por los duques de Orleans (sobrino de Felipe V) y de Berwick (hijo bastardo del rey inglés destronado Jaime II), había entrado en la ciudad el 12 de octubre, después de treinta y tres días de asedio, a través de un gran boquete en la muralla de la Magdalena, que había causado tras bombardear insistentemente Lleida.

La principal masacre se produjo en el interior del convento del Roser, situado en la calle Cavallers (que unía la trama urbana de la ciudad con el barrio universitario y con la zona fortificada del Castell del Rei). En aquel convento se refugiaron unas 700 personas (hombres, mujeres y niños) que escapaban del brutal saqueo borbónico y que no habían podido llegar a la zona fortificada antes de que los propios asaltantes obligaran a cerrarla. En el convento del Roser, la soldadesca borbónica francocastellana se entregó a la tortura y asesinato de los hombres, mientras eran obligados a presenciar la violación y el asesinato de sus madres, esposas e hijas. Aquel episodio de brutalidad y criminalidad se saldaría con la muerte violenta de la totalidad de las 700 personas refugiadas.

Cuando se produjo aquella masacre, Lleida, con 12.000 habitantes, era el segundo núcleo económico y demográfico del Principado. Y aquella operación de eliminación física de la población civil obedecía a una clara estrategia de creación de un clima de terror y desmovilización de la resistencia catalana. Después de la masacre y de la posterior rendición del Castell del Rei (11 de noviembre de 1707), la ciudad quedaría despoblada. El primer censo después de la guerra (1717) contabilizaría una población de tan solo 2.700 habitantes, y en aquel paisaje de destrucción y despoblamiento, las autoridades borbónicas plantearían el traslado de la capitalidad del territorio a Monzón y el traspaso del llano de Lleida a Aragón.