Tal día como hoy del año 475, hace 1.551 años, en Roma, el general Flavio Orestes, magister militum (general jefe del ejército romano y hombre fuerte del poder político y militar romano), imponía la coronación de su hijo Rómulo Augústulo, que de esta forma se convertía, sin saberlo todavía, en el último emperador del Imperio romano de Occidente. No obstante, Rómulo Augústulo —que en aquel momento contaba solo con 14 años— nunca llegó a gobernar de manera efectiva. Durante los once meses en que fue emperador (octubre, 475 - septiembre, 476), su padre Flavio Orestes ejerció el poder efectivo como regente.
Flavio Orestes era un poderoso militar que había empleado la vía del golpe de Estado —sobradamente utilizada en aquel contexto— para alcanzar el poder. Se sabe que era una de las personalidades más influyentes de Roma, pero se tienen dudas sobre su origen patricio. Una parte importante de la investigación historiográfica apunta la posibilidad de que fuera un personaje originario de la élite indígena germánica de la provincia romana de Panonia (situada sobre la intersección de los actuales territorios de Austria, Eslovenia, Croacia, Serbia y Hungría). El hecho de que su grupo social estuviera profundamente romanizado le habría permitido hacer una carrera militar.
En septiembre del año siguiente (476), el jefe tribal germánico Odoacro —también originario de la provincia de Panonia— lideró un golpe de fuerza, depuso a Rómulo Augústulo y se proclamó rey de Italia (la región central del Imperio romano). En aquel momento, el joven emperador destronado solo tenía 15 años, y Odoacro no solo no ordenó su ejecución, sino que lo envió al exilio en una lujosa villa fortificada en la actual Nápoles y le concedió una generosa pensión anual de 6.000 sólidos de oro. Según la investigación historiográfica, murió de muerte natural tres décadas después de su destronamiento y tras una vida anónima y sin preocupaciones.