Tal día como hoy del año 1783, hace 243 años, el Imperio ruso formalizaba la anexión del, hasta entonces, kanato independiente de Crimea, en el mar Negro. Este Estado estaba mayoritariamente poblado por tártaros de lengua túrquica y de religión musulmana que se habían establecido en aquel territorio a principios del siglo XV, al inicio del proceso de desintegración de la Horda de Oro (el kanato mongol creado doscientos años antes sobre las llanuras de los ríos Volga y Dniéper). Inicialmente, habían mantenido una estrecha relación con el Imperio otomano (siglos XV y XVI), época durante la cual habían hostilizado a los rusos (habían incendiado y saqueado Moscú).

Pero, a finales del siglo XVI, aquella situación se invirtió. Progresivamente, abandonarían su relación con los turcos y acabarían gravitando en la órbita política, cultural y económica del Imperio ruso (durante varias generaciones los miembros masculinos de la casa del sultán se educarían en Rusia). No obstante, la conquista y anexión rusa de Crimea se traduciría en la huida de todo el estamento nobiliario y de sus redes clientelares al Imperio otomano. Se estima que durante este proceso, que duraría hasta finales del siglo XVIII, Crimea podría haber perdido un 50% de su población. Aquel vacío poblacional sería rellenado con colonos rusos.

Esta operación de conquista y anexión contaría con la destacada participación de un oficial de origen catalán: Josep de Ribas i Plunkett, nacido en Nápoles en 1751 (hijo del barcelonés Josep de Ribas, probablemente exiliado en Nápoles en 1714, después de la ocupación borbónica de Catalunya) y casado con Anastasia Sokolova, camarera de la soberana rusa. Ribas acompañaría al príncipe Potemkin a las campañas de la III (1768-1774) y IV (1787-1792) guerras ruso-turcas y, además de tener un papel muy destacado en las campañas de expansión del sur, sería el fundador de Odesa (1794), creada para ser el contrapunto de San Petersburgo en el mar Negro.