Tal día como hoy del año 1936, hace 88 años, en Melilla, Juan Seguí Almuzara, general del ejército español en la reserva, daba la orden de rebelión a las guarniciones militares españolas de la ciudad. El inicio de aquella rebelión se produjo a las 17 horas y 17 minutos, después de que el general Mola, capitán general de Navarra, hubiera enviado un radiograma en clave dirigido al también general prófugo Sanjurjo (en Lisboa), al general Franco (destacado en Santa Cruz de Tenerife) y al general Seguí (retirado en la reserva militar en la ciudad de Melilla). Según la investigación historiográfica, el objetivo de aquel golpe de Estado era lograr el poder de una forma rápida y violenta, e instaurar una dictadura militar. Es importante destacar que los golpistas no habían contemplado la restauración de la monarquía.
Durante la tarde del 17 de julio, todas las guarniciones militares españolas del Protectorado del Rif (tercio norte del actual Marruecos) caerían bajo el control de los rebeldes. Al día siguiente, día 18 de julio, los golpistas ejecutarían la segunda fase del plan de Mola: la rebelión de todas las guarniciones militares de la Península, excepto las de Catalunya. Durante la jornada del 18 de julio, los rebeldes lograron el control de los territorios de Galicia, León, Castilla la Vieja, Navarra, Mallorca, Álava, Zaragoza y Guadalajara.
En cambio, fracasaron en el resto de territorios del Estado español, o bien porque el aparato de gobierno republicano convenció a los mandos de no sumarse a la rebelión, o bien porque dichos mandos no se atrevieron a sacar el ejército a la calle o, tras sacarlo, enseguida regresaron a sus cuarteles. Asturias, Cantabria, Vizcaya, Guipúzcoa, Castilla la Nueva (con Madrid), Extremadura, Andalucía, Murcia, el País Valencià, Menorca, Huesca y Teruel permanecían leales a la República.
La última fase del plan de Mola se llevó a cabo el 19 de julio en Catalunya, y en Eivissa y Formentera, que habían resistido la primera embestida golpista del día anterior. En las Pitiüses se acabarían imponiendo los golpistas; en Catalunya, en cambio, la respuesta de la Generalitat y de la población civil conduciría la rebelión militar al fracaso. Barcelona sería la única ciudad del territorio republicano que derrotaría la rebelión por la fuerza de las armas. El 20 de julio, con el territorio español dividido en dos masas que no tenían suficiente fuerza para imponerse la una a la otra, la situación derivaría de un golpe de Estado inicial a una guerra civil que duraría tres años (1936-1939) y que causaría un millón de muertos y más de medio millón de exiliados.