Tal día como hoy del año 1301, en el Parlamento del condado de Lincoln (al norte de Inglaterra), el rey Eduardo I creaba el título de príncipe de Gales para designar al heredero al trono inglés. Eduardo I, llamado popularmente Piernas Largas, era hijo de Enrique I y de Eleonor de Provenza, de la rama provenzal del Casal de Barcelona y la reina que había introducido la senyera cuatribarrada en el armorial de Inglaterra. Eduardo I era bisnieto —por parte materna— del rey Alfonso-Ramón de Catalunya-Aragón, llamado el Casto y nieto de quinta generación de Ramón Berenguer III, el primer soberano catalán que había sido identificado como “príncipe de los catalanes”.

No obstante, el príncipe u hombre principal —el cargo que identificaría a Ramón Berenguer III y, posteriormente, a su hijo Ramón Berenguer IV como jefe político y militar de los aragoneses por la cesión de la autoritas y la potestas que le entregó su suegro Ramiro II—, era una figura política de raíz romana que se utilizaba para nombrar a un soberano que reunía y coordinaba a los pequeños barones feudales de un territorio (desde reyezuelos hasta vizcondes). En el caso de los condados catalanes, el príncipe era el conde de Barcelona. Y, en el caso de Gales —hasta la ocupación inglesa (1282)—, era el jefe político y militar de los reyezuelos que gobernaban las diferentes regiones del país

El primer príncipe u hombre principal de Gales había sido Owain Gwynedd (1137-1170) y el último, Llywelyn Ein Llyw Olaf, asesinado por soldados ingleses (1246-1282) durante la guerra de ocupación inglesa (1277-1284). Años más tarde (1301), el rey Eduardo I, aprovechando que su primogénito —el futuro Eduardo II— había nacido en Gales (1284) mientras él dirigía sobre el terreno las maniobras de represión y exterminio de la resistencia galesa posteriores a la ocupación, usurparía el cargo y lo vincularía, como un título honorífico, a la casa real inglesa con el clarísimo propósito de desposeer a los galeses de uno de sus principales referentes de identidad.

Con la designación de Eduardo como el primer príncipe de Gales de la familia real inglesa, se iniciaba un proceso de desnaturalización del término. Poco a poco, las casas reales europeas pasarían a utilizar el cargo de príncipe como un título honorífico destinado a designar al heredero al trono. En Francia, el heredero continuó siendo designado delfín, pero los Trastámara castellanos cuando consiguieron el trono de Toledo (1367), imitando a la casa real inglesa, crearon el título de príncipe de Asturias para designar al heredero real (1388). Y harían lo mismo cuando consiguieron el trono de Barcelona (1412), creando el título de príncipe de Girona (1416).