Si Pedro Sánchez cumple su compromiso, se encuentra, cuando escribo este artículo, en la mitad de las 72 horas de reflexión que se ha dado para conocer qué piensa hacer con la legislatura una vez sus dos decretos sobre la vivienda naufragaron el pasado viernes al no obtener los votos de los siete diputados de Junts per Catalunya. Es su segundo anuncio de reflexión después del de abril de 2024, cuando se inició el proceso judicial de su esposa, Begoña Gómez, y que se encuentra, en estos momentos, a la espera de que se fije fecha para el juicio con jurado popular por los presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación de caudales públicos. En aquella ocasión, su proceso de reflexión duró cinco días y, cuando lo concluyó, anunció, en contra de todas las especulaciones, que no se retiraba y que estaba convencido de la inocencia de su esposa, que ahora se enfrenta a penas de prisión de entre 4 y 6 años.
Haga lo que haga, su decisión marcará, sin duda, el futuro de los próximos meses e incluso se conocerá, por su resolución final, la distancia que existe entre un dirigente político de partido y un político aspirante a estadista. Las dos cosas son legítimas, ciertamente, pero, en el segundo caso, es obvio que el único camino es el de la convocatoria electoral cuanto antes mejor. No hay legislatura posible, no hay posibilidad de aprobar unos presupuestos generales del Estado y no hay punto de encuentro para solucionar los problemas existentes con las posiciones dogmáticas e irresponsables a la izquierda del PSOE. Fuera cual fuera el resultado, sería el mejor servicio que podría hacer al cargo que ocupa desde junio de 2018.
No hay legislatura posible, no hay posibilidad de aprobar unos presupuestos generales del Estado y no hay punto de encuentro para solucionar los problemas existentes
Está la otra opción, que es enrocarse, envolverse en que no se puede desperdiciar la oportunidad de un gobierno de izquierdas en España, sacarse de la chistera algún conejo —quién sabe si volver a presentar el decreto, ganar un mes más hasta que el Congreso se lo vuelva a tumbar, y repetirlo varias veces— e intentar pasar así como el único bastión frente a las derechas. En este cóctel para su reflexión también está, según dijo, analizar el grado de movilización por la vivienda durante este fin de semana. Este sábado ha habido movilizaciones simultáneas en 50 ciudades y este hecho no se debe menospreciar, ya que es un reflejo del malestar ciudadano por las dificultades para encontrar un piso. En Madrid, la Delegación del Gobierno ha facilitado la cifra de unas 70.000 personas. En Barcelona se ha suspendido la manifestación por el temporal de lluvia.
Y, como en cualquier decisión política, también está la cuestión personal. Desde este punto de vista, no tiene incentivos para convocar elecciones más allá de intentar conseguir un resultado digno que nunca, con las encuestas en la mano, le permitiría seguir en la Moncloa. Afrontar el juicio de su esposa desde fuera de la Moncloa, más allá de que él sostenga que es un caso claro de lawfare contra ella precisamente por esta condición, es renunciar a alguno de los resortes de los que siempre dispone un presidente del gobierno en ejercicio. Asimismo, en mucho menor medida, están los recursos del juicio de su hermano, que ya tuvo sentencia en la Audiencia Provincial de Badajoz y que fue condenado a nueve años de inhabilitación especial para empleo o cargo público.
Todo eso se supone que es lo que debe estar presente en esas horas, siempre y cuando la decisión no esté tomada ya hace varios días y sea todo una mascarada.
