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La ansiada unidad de la izquierda del PSOE ha quedado en eso, en un anhelo espiritual. El movimiento de Rufián con Esquerra —o a la inversa, quién sabe— tejiendo una alianza con Podemos, enemigo irreconciliable con los partidos que confluyeron en Sumar —¡uff, qué lío de siglas!— ha acabado este lunes entre acusaciones. Sobre todo, en las redes sociales, donde Rufián se maneja como pez en el agua. No deja de provocar una cierta estupefacción algunos de los calificativos allí publicados y cómo ha cambiado todo en unas pocas horas. El candidato de la unidad de la izquierda, tildado justamente de lo contrario, de contribuir a dividirla.

Si no se remedia, y parece difícil que sea así, el Frente Amplio será mucho menos amplio y, sobre todo, menos unitario. El antiguo Sumar se reformula con los mismos mimbres que Sumar y tendrá prácticamente los mismos partidos del 2023. La novedad será Ada Colau como cabeza de cartel por Barcelona y la candidata de la formación a la presidencia del Gobierno. Ha sido la formación de Colau la que se ha sentido más agredida y han señalado que sus movimientos han generado una profunda decepción entre el electorado de izquierdas y le han recordado que él, que venía a unificarlas, está haciendo todo lo posible por dividirlas.

El candidato de la unidad de la izquierda, tildado justamente de lo contrario: de contribuir a dividirla

Dos reflexiones al respecto: en primer lugar, es bastante evidente que el movimiento de Rufián refuerza a Podemos y debilita a Frente Amplio. El grupo de Pablo Iglesias e Irene Montero ha encontrado una válvula de oxígeno con ERC, ya que no querían integrarse en Frente Amplio, que les ofrecía muy malas posiciones de salida. Ahora, el pulso Rufián-Colau puede ser favorable al primero en las Españas e impulsar a Podemos. En cualquier caso, tampoco está claro que mejoren mucho sus escaños, pero de esa división se beneficiará el PSOE como voto útil, al no haber una alianza con mucho músculo a su izquierda, cohesionada y unida.

Esquerra atrae los votos que pueda tener Podemos a sus listas, aunque también se arriesga a perderlos por su flanco menos izquierdista y más catalanista.es una jugada de riesgo, ya que puede haber electores que consideren que abandonan el espacio central del país y la opción de captar votante moderado y catalanista del PSC. Veremos si la campaña de Junqueras por el país, supliendo en muchas ocasiones a Rufián, es suficiente. En cualquier caso, sí parece que en esta vuelta de Junqueras al liderazgo de Esquerra el partido se decanta más hacia la izquierda, algo que ya se había visto en la política catalana en sus propuestas al Govern de Salvador Illa. Pero está todo demasiado frágil para hacer consideraciones definitivas sobre el siempre complicado mercado electoral catalán.