Una de las ventajas que tienen los discursos, y mucho más los que pronuncian personalidades mundiales de la dimensión del papa León XIV, es que todos, o la gran mayoría, lo acaban asumiendo como propio. Vamos, que se debe referir al de al lado cuando habla de aquellos que avivan el fuego de la polarización o utiliza conceptos como la reconciliación. León XIV es el tercer papa que visita España, aunque, en su caso, es el primer viaje, mientras que Juan Pablo II lo hizo cinco veces en su largo pontificado de 27 años y Benedicto XVI otras tres veces en ocho años como obispo de Roma. Solo el papa argentino Francisco no se desplazó por un cúmulo de razones, desde el hecho de que priorizara otros viajes a países más pequeños o a otros continentes, hasta el distanciamiento evidente con aquellos sectores del episcopado más conservadores y, por decirlo de manera entendible, menos pastores de la iglesia y mucho más políticos.
Con estos dos mensajes, la polarización y la reconciliación, León XIV aterrizó en Madrid, escala previa al viaje de 48 horas que lo llevará a Catalunya, donde visitará Barcelona y la abadía de Montserrat, que el pasado año celebró su milenario y que, probablemente, hubiera formado parte de un viaje relámpago de Jorge Mario Bergoglio si su delicado estado de salud no lo hubiera desaconsejado. De hecho, cuando se empezó a preparar la visita de León XIV a la Sagrada Família, donde celebrará la eucaristía en el interior del templo y bendecirá la torre de Jesús, y la subida hasta el santuario de Montserrat, el viaje contemplaba un recorrido mucho menor por Madrid y tampoco incluía las Canarias. El peso de la Conferencia Episcopal Española y del Gobierno acabó desplazando una parte del eje de la visita a Madrid y equilibrando geográficamente el viaje.
Robert Prevost no es ni conservador ni liberal, e intenta abrirse paso como una figura moderada y reforzar su reconocido papel de puente centrista
Aunque el Papa es una personalidad mundial y los que elaboran sus discursos miden sus palabras al máximo, su discurso es, por encima de cualquier otra cosa, un mensaje a los católicos, como máxima autoridad y líder espiritual supremo de la Iglesia católica. Robert Prevost, en este sentido, no es ni conservador ni liberal, e intenta abrirse paso como una figura moderada y reforzar su reconocido papel de puente centrista. Queda lejos del papa argentino tan amado por los progresistas católicos, pero tampoco va a quedar encasillado en las filas de Juan Pablo II o Benedicto XVI. Quizás por eso la prudencia que emplea hasta la fecha, algo, por otro lado, perfectamente normal al llevar tan solo 13 meses en el Vaticano y con una edad, 70 años, que le permite un ritmo del tiempo sin precipitaciones.
León XIV ha abordado en el avión de Roma a Madrid la polémica de la utilización del catalán en su viaje a Barcelona y Montserrat. Y, diplomáticamente, señaló que, por ahora, solo sabía decir "bon dia". Eso no tiene que ser un obstáculo, ya que para eso están los discursos escritos y la puntuación en las lenguas que uno no conoce. Es posible que haya sido conocedor del enfado que había en sectores de la iglesia catalana y también de la personalidad del arquitecto Antoni Gaudí y su detención por no querer renunciar a utilizar el catalán. En las últimas horas se ha señalado que el Papa empleará el catalán, pero cuando se desencadenó la polémica, ya figuraba que lo haría. El tema no es simplemente el uso, sino la proporción y, sobre todo, la bendición de la torre de Jesús, que acabará siendo la imagen que más se proyectará al mundo. Si la hace en castellano, en catalán o en las dos lenguas.