Después de muchas horas de incerteza y un auténtico caos informativo en que las noticias iban y venían, según se tratara de medios occidentales o rusos, todo apunta a que unos minutos antes de las ocho de la noche, los mercenarios del grupo Wagner, con la mediación del presidente de Bielorrusia, aceptaron parar su avance sobre Moscú y poner punto y final a la rebelión. El ejército paralelo de Ievgueni Prigozhin, que había progresado sin obstáculo alguno hasta situarse a una hora de la capital rusa, y con una cifra indeterminada de profesionales de la guerra que, según las fuentes, iba de unos 25.000 hombres a 50.000 ha iniciado el camino de regreso al sur del país sin que sepamos, por el momento, las cesiones de Putin.
Todo apunta a que el presidente ruso, al que algunos medios han situado viajando a San Petersburgo a lo largo de la jornada para dirigir desde allí la respuesta a los mercenarios de Wagner, ha vuelto a salir de un nuevo embrollo. Eso sí, políticamente más debilitado, pero conservando su posición al frente del país, algo que durante toda la tensa jornada no era del todo seguro. Como sucede siempre en este tipo de conflictos, la información que circula es una mezcla de propaganda, de fake news y de noticias veraces. Habrá que esperar aún unos días para disponer de informaciones absolutamente seguras.
Por no saber a ciencia cierta, aún se desconoce si ha sido un paso en falso de los mercenarios de Wagner y sus responsables o, en realidad, Putin ha tenido que entregar la cabeza de los principales responsables de la guerra de Ucrania, desde el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Valeri Guerásimov. Si eso último es lo que ha sucedido fruto de la negociación para la retirada de los mercenarios sobre Moscú, es obvio que el presidente ruso habría salido muy debilitado.
En cualquier caso, la rapidez con que muchos oligarcas abandonaron la capital rusa en sus jets privados en las primeras horas del motín lleva a pensar que hay un distanciamiento real con el Kremlin y que creían que el derramamiento de sangre iba a ser inevitable. También la manera como Putin ordenó proteger la capital con un despliegue de medios armados y barricadas que retrasaran la llegada al centro de Moscú de los mercenarios. La victoria de Prigozhin en los acuerdos secretos que pueda haber logrado, y la inmunidad legal que puede haber obtenido de las autoridades rusas para sí mismo y todo su ejército, será inversamente proporcional a la fortaleza del presidente ruso.
Indirectamente, Ucrania ve hoy debilitarse a su invasor y la posición de Zelenski es algo mejor. Pero todo esto es en teoría, ya que muchas cosas pueden no ser como parecen. La guerra civil que parecía inminente ha quedado en una amenaza, en ningún momento parece que haya habido civiles en peligro y todo ha sido un golpe de palacio entre políticos, militares y mercenarios. Y descifrar esto en directo acostumbra a tener poco o nada que ver con lo que queda cuando la inflamación informativa desaparece.