La huida de Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro y candidato derrotado por Lula da Silva el domingo, que ha abandonado Brasil rumbo a Estados Unidos, hace añicos el perfil que hasta ahora pretendía cultivar: bastante más serio en las formas que su padre y con una imagen aparentemente más institucional, pragmática y negociadora. También más convencional en el estilo, pero no necesariamente más moderado en sus posiciones políticas. De hecho, comparte buena parte del ideario político ultra de su padre y ha defendido su legado. Ahora, todo apunta a que pretende presentarse como víctima de una persecución política después de perder las elecciones, mientras su propio partido reconoce la victoria de Lula. Su fuga se ha producido después de que el juez del Supremo Alexandre de Moraes le ordenara entregar sus pasaportes y le prohibiera, el pasado lunes, abandonar Brasil, en el marco de investigaciones por presunto blanqueo de capitales. Menos de 24 horas después se han desencadenado los acontecimientos: Bolsonaro ha incumplido el plazo de entrega mientras la Policía Federal cancelaba sus pasaportes y empezaba a investigar su posible salida clandestina.
Después de todo un día de rumores, la versión más creíble apunta a que la huida se habría producido por Venezuela y no, como se destacaba en las primeras horas, por Argentina. Sea por una o por otra, la administración de Donald Trump —que habló el mismo domingo de un supuesto fraude electoral en Brasil que nadie ha validado, ni el partido que perdió las elecciones— habría estado implicada de una u otra manera. La vía argentina aún puede dejar de lado una intervención norteamericana directa, ya que Milei se basta y se sobra para ayudar a Bolsonaro sin que nadie se lo pida o se lo insinúe. En el caso de Venezuela, país al que Bolsonaro combatió con vehemencia cuando mandaba Maduro, es imposible pensar que la nueva administración con Delcy Rodríguez adopte una decisión de esta naturaleza sin informar a Washington. Al revés, parece más fácil una iniciativa de EE.UU. para proteger a su aliado, al que Bush ha tratado de catapultar a la presidencia con el resultado de sobras conocido.
El principal interrogante tras la huida de Bolsonaro es si Trump le concederá protección política y lo que ha empezado como una crisis judicial brasileña puede acabar convirtiéndose en un enfrentamiento diplomático directo entre Brasilia y Washington
Lula remontó los resultados de la primera vuelta y rompió todos los pronósticos. Después de tres mandatos, consiguió convertir unas elecciones que inicialmente parecían situadas como un referéndum contra su gobierno en algo muy diferente, como es un referéndum contra el regreso de los Bolsonaro. Pero esa estrategia la maduró tras su derrota en la primera vuelta (47% frente a 45,2%) y reescribió la historia de aquel resultado provisional en otro muy diferente, del que salió triunfador con el 51,79% frente al 48,21%. En la práctica, tras perder la primera vuelta, en la segunda le sacó más de 4,4 millones de votos. Aunque es difícil cuantificarlo, la identificación de Bolsonaro con Trump permitió a Lula introducir un elemento de soberanía nacional en la campaña: Brasil no debía someterse a los intereses de Washington. A nadie le gusta ser el personal de servicio de Estados Unidos, y Trump ha demostrado en otra elección que acaba siendo un personaje tóxico. Así impuso aranceles adicionales a determinados productos brasileños, pensando que podía hacer lo que le diera la gana, y lo que acabó sucediendo es que contribuyó a convertir la relación con Trump en un asunto electoral.
El principal interrogante tras la huida de Bolsonaro es si Trump le concederá protección política y lo que ha empezado como una crisis judicial brasileña puede acabar convirtiéndose en un enfrentamiento diplomático directo entre Brasilia y Washington. Por eso será interesante conocer si Estados Unidos le permitirá permanecer en su territorio y bajo qué condición jurídica, una vez que la Casa Blanca ha confirmado que viaja hacia Estados Unidos. Teniendo en cuenta la imprevisibilidad de Trump, hacer pronósticos definitivos es una aventura de alto riesgo. Dicho eso, lo más probable es que permita que permanezca en territorio estadounidense, mediante asilo u otra fórmula migratoria. Y que Bolsonaro se presente ante la opinión pública norteamericana como un perseguido político y, si puede, organice desde allí su oposición a Lula. Esto último parece mucho más difícil, ya que tras su fuga hay señales de desconcierto y divisiones dentro del bolsonarismo. Y, al final, su huida acabe teniendo un coste incluso superior que su derrota electoral.