Cargando...

Cuarenta y ocho horas después de los graves incidentes producidos en Francia el pasado sábado y que tuvieron continuidad —aunque de menor intensidad— este domingo, el país galo permanece aturdido por lo que se vivió: saqueos, destrucción, detenciones, pérdida de edificios emblemáticos y un largo etcétera. Siendo eso grave, lo verdaderamente preocupante es otra cosa: es imposible ver una salida satisfactoria a la situación dada su gravedad; las presidenciales de la próxima primavera complican enormemente cualquier aproximación a una solución y el actual gobierno, unido a su presidente Emmanuel Macron, está literalmente abrasado por su galopante incapacidad política.

La decisión de Macron de mantener su viaje a Kuwait, como parte de una gira por Oriente Próximo para asegurar suministros de gasolina y diésel y poder así reducir el precio de los carburantes en Francia, da una idea demasiado primaria de la manera de apartarse del foco de los problemas. Antes de partir, desestimó la dimisión del ministro del Interior, que se la había presentado, compareció en televisión para tratar de contener el enfado de los franceses y poca cosa más. De hecho, la comparecencia televisiva de Macron en la noche del domingo fue de tal pobreza que, si algo consiguió, fue preocupar aún más a sus conciudadanos, que desean tanto las elecciones presidenciales como las temen, ya que un pulso entre Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon es como encender fuego en una habitación repleta de barriles de pólvora.

La principal medida de este lunes ha sido imponer toques de queda en diversas zonas de París, en la zona de République y Les Halles desde las 23:00 hasta las 6:00, y se han prohibido concentraciones y manifestaciones en determinados sectores desde las 20 horas. También se han anunciado restricciones parciales en Lyon y varias localidades del norte; en Niza, el toque de queda afecta a menores en zonas del centro desde las 21 horas y se ha descartado, por ahora, un toque de queda nacional. Todo apunta a que vamos a tener por delante unos días de menor tensión en las calles a la espera del acto anunciado para el sábado 24 y las huelgas y manifestaciones convocadas para el 5 de noviembre.

Los peligros de que la situación vaya a más son muy altos y las imágenes que hemos podido ver de algunas actuaciones de los manifestantes causan auténtico pavor

Estamos así ante un peligroso toma y daca con un descontrol absoluto de las protestas por parte del gobierno. La crisis social que atraviesa Francia desde hace mucho tiempo está más abierta que nunca y, aunque hay precedentes de toques de queda parciales, pues Francia ya recurrió a ello hace tres años, en aquella ocasión se consiguió desinflamar. Ahora, el calendario político no ayuda y la situación económica del país para dar respuesta a las peticiones es mucho más complicada, con las arcas repletas de telarañas y una presión de Bruselas para cumplir los compromisos de déficit público acordados, algo que es una auténtica quimera en estos momentos.

En este contexto, el peligro de que la situación vaya a más es muy alto y las imágenes que hemos podido ver de algunas actuaciones de los manifestantes causan auténtico pavor. Parecen más grupos organizados para sembrar el terror, saquear y protagonizar actos vandálicos que una protesta al uso con algunos elementos incontrolados. Aquí los violentos se cuentan por millares y lo extraño es que hasta la fecha no haya habido más víctimas. De ahí la necesidad de encontrar una solución que erradique el miedo que se ha instalado en Francia.