Las imágenes que hemos visto de violencia, saqueos y vandalismo en la tarde-noche del sábado en el centro de la ciudad de Barcelona han causado un destrozo mayor que el material: han dañado la imagen de la capital catalana. No hace falta que lleguen a tener la dimensión de lo que sucedió en París u otras ciudades francesas durante el pasado fin de semana para expresar sorpresa y estupefacción por una situación en la que la propia comisaria jefa de los Mossos d'Esquadra, Sílvia Catà, ha expresado la sorpresa del cuerpo policial ante el perfil de los alborotadores. Unos rasgos bastante diferentes a los patrones de grupos antisistemas que la policía catalana suele tener monitorizados, pero que en esta ocasión mutaron, en buena medida, hacia un grupo bastante diferente: un 56 % eran menores de edad actuando por dinámicas de imitación digital.
Así, el millar de alborotadores no llegaron en bloque ni actuaron conjuntamente: irrumpieron en el Eixample barcelonés escalonadamente y se mezclaron entre los turistas y compradores que suelen abarrotar, un sábado por la tarde, el centro de la ciudad, es decir, la zona de paseo de Gràcia y de los alrededores de plaza de Catalunya. Al parecer, un perfil de agitadores tan jóvenes —el 56 % era de entre 13 y 17 años— debió hacer bajar la guardia de Mossos y Guàrdia Urbana, igual que el hecho de que fueran a cara descubierta hasta que decidieron actuar con un grado de vandalismo desmesurado para su edad. El resto de los provocadores que también causaron destrozos no eran mucho mayores y la policía los sitúa en una edad comprendida entre los 17 y los 22 años.
El resultado ofrecido por los portavoces oficiales ya da una primera idea de la gravedad: 128 personas arrestadas, de ellas 72 menores puestos a disposición de la Fiscalía de Menores; 15 agentes lesionados, 12 mossos y 3 guardias urbanos; 14 establecimientos asaltados, la gran mayoría de telefonía móvil, ropa de marcas internacionales y multinacionales; y más de 30 barricadas en llamas en la vía pública, entre contenedores de basura, motocicletas, vallas de obra y papeleras. Hacía mucho tiempo que Barcelona no vivía una situación similar y de tanta gravedad; de ahí, también, el estupor de la ciudadanía. Y, sobre todo, lo que es más novedoso y más grave: la edad de los que protagonizaron saqueos y actos de vandalismo.
Hacía mucho tiempo que Barcelona no vivía una situación similar y de tanta gravedad; de ahí, también, el estupor de la ciudadanía
Es evidente que algo ha fallado y que se deben extraer consecuencias. ¿Si existía el precedente de las convocatorias sorpresa por TikTok y por Telegram, que también se han utilizado en Francia, y de cómo detectarlas antes de que se viralicen, porque aquí no se les dio la importancia que tenían? El alcalde Jaume Collboni ha sido contundente y ha señalado que, como muchos actos vandálicos los protagonizaron menores, el ayuntamiento actuará contra los progenitores por la vía judicial y patrimonial, y el president Illa ha garantizado la detención de todos los jóvenes que participaron. Es de esperar que en unos cuantos días tengamos más noticias de estas dos líneas de actuación.
El primero que ya ha exigido responsabilidades al Govern es el Gremi de Restauració de Barcelona, que ha calificado de insuficiente la respuesta policial y ha cuestionado las medidas adoptadas ante la convocatoria. También han denunciado que nadie los avisó de que pudieran haber incidentes y que nadie se interesara por ellos y por los trabajadores que se encontraban en el interior durante los disturbios. También han pedido al Ayuntamiento que asuma los desperfectos, algo que Collboni ha dicho que estudiará. Resumiendo, hechos de una gravedad enorme, mensajes institucionales de que va a haber tolerancia cero y necesidad de que se ayude a los sectores afectados y se visualice, si se vuelve a repetir, una respuesta policial diferente.
