Ceuta, ¿por qué se han perdido tantos días?

El paso de los días en Ceuta solo confirma que las decisiones en aquella ciudad africana se están tomando tarde y mal. Que hayan pasado 22 días desde que unas 78.000 personas cruzaran desde Marruecos a Ceuta y no se haya nombrado hasta hoy a un coordinador de la gestión del Gobierno español ante la crisis migratoria demuestra que las cosas se están haciendo muy mal. La designación del ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, tiene una cierta lógica dada la doble condición de ser el responsable político de las autonomías —tanto Ceuta como Melilla tienen rango de ciudades autónomas y cuentan con un Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes— y tener conocimiento del problema, por su condición de canario, otro de los lugares utilizados históricamente para la entrada en barca de migrantes.

Lo que uno debe preguntarse es por qué no se ha hecho antes. No será que a nadie se le había ocurrido, ya que el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, solicitó formalmente este mando único, así como la declaración de emergencia nacional, el mismo 30 de julio. ¿Se ha retrasado la designación porque lo había pedido un responsable del PP? El 10 de agosto, el ministro Torres viajó a Ceuta y, durante una reunión oficial entre ambos, Vivas se lo volvió a pedir. Nada, como si oyera llover. Superado por la situación en la ciudad, donde con la degradación de los servicios empiezan a hacerse visibles los problemas sanitarios, el presidente de Ceuta lanzó un órdago el pasado día 18 y anunció que, ante la pasividad del Gobierno, iba a presentar ante el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional un recurso alertando de que la seguridad de Ceuta corría peligro.

El último movimiento había sido el de Alberto Núñez-Feijóo, que en una visita a Ceuta el pasado miércoles exigió un mando único amparado en la ley de Seguridad Nacional de 2015, junto al anuncio de una batería de iniciativas parlamentarias para incluir el mando único como una solución imprescindible para atajar la emergencia. Era evidente que el mando único era imprescindible y, por tanto, es más incomprensible la decisión de Pedro Sánchez de defender contra viento y marea que había suficientes mecanismos ordinarios y que no era necesaria ninguna medida excepcional. Un discurso que ha quedado sobrepasado ampliamente por la situación.

Al dar el mando al ministro Torres, el presidente evita desempatar entre los dos que tendrían más papeletas dada la magnitud del problema, la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska

Finalmente, Sánchez ha claudicado, pero lo ha hecho a su manera. Al dar el mando al ministro Torres, el presidente evita desempatar entre los dos que tendrían más papeletas dada la magnitud del problema, la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. También se esconde un segundo objetivo con la decisión: tratar de mitigar la presión que tenía con un nombramiento que no parezca una especie de mando policial o militar. Un escalón que Moncloa no quiere subir, dados sus elogios a la reacción de Marruecos tras la invasión española. Una situación ciertamente cómica, ya que se premia a quien permitió que cruzaran alegremente la frontera española de manera ilegal tantos miles de ciudadanos marroquíes.