Ceuta, el fracaso que reveló la incompetencia del Estado

Decía este domingo el presidente de Ceuta, Juan José Vivas, que 48 horas antes de la invasión procedente de Marruecos, que dejó en mantillas al Estado español por su manifiesta incompetencia, él mismo había contactado con el palacio de la Moncloa pidiendo ayuda, ya que los síntomas de que algo grave iba a pasar eran evidentes. A Vivas se lo sacaron de encima como pudieron y alguien debió pensar que la advertencia del presidente ceutí era una exageración y que lo mejor era proseguir con el plan que se acostumbra a tener un 28 de julio: acabar las maletas, que el descanso en la residencia de La Mareta, en Lanzarote, estaba a la vuelta de la esquina.

Este domingo se ha cumplido un mes de la invasión de unas 80.000 personas procedentes de Marruecos. La gestión de estos treinta días ha sido pentanefasta: no sabemos cuántos inmigrantes hay deambulando por las calles de la ciudad; no sabemos cuántos menores vagan sin destino alguno en medio de una situación sanitaria alarmante; no sabemos cuándo recuperará la ciudad la normalidad, ni si eso es posible a medio plazo; no sabemos las razones por las que Marruecos levantó las fronteras y su policía hizo huelga de brazos cruzados; y, finalmente, sí sabemos que cuando Mohamed VI quiera, los límites de las fronteras cambiarán.

Al gran prestidigitador de la política española se le han acabado hace tiempo los trucos y solo le resta esperar el paso de los días

Y, con este panorama, el Gobierno vuelve este lunes oficialmente a sus despachos, y Pedro Sánchez a la Cadena Ser, a tratar de recuperar la iniciativa política, algo que difícilmente está a su alcance. Al gran prestidigitador de la política española se le han acabado hace tiempo los trucos y solo le resta esperar el paso de los días. Sin opciones para recomponer la mayoría parlamentaria perdida, agotará el último año de legislatura sin presupuestos generales del Estado, todo un récord incluso en un Estado en el que se vulneran los principios más elementales de la democracia parlamentaria sin que acabe teniendo repercusión alguna. No sé qué dirían aquellos gobernantes de antaño que sacaban año a año los presupuestos, llegando a los pactos que fueran necesarios y, si no, convocaban elecciones.

Pero la carpeta que pesará a Sánchez como una losa y de la que no tiene escapatoria alguna es la judicial. No pasarán muchos días de este septiembre antes de que tengamos novedades y comprobemos cómo la telaraña judicial atenaza más y más al ejecutivo. Su discurso inicial de que todo era una estrategia judicial para sacarlo de la Moncloa, un caso de lawfare, quedó claramente superado por un sinfín de casos que sonrojan a cualquier observador imparcial que analice las barbaridades que se han hecho. Por cierto, este miércoles se cumplirán tres meses de la comparecencia del expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en la Audiencia Nacional. En aquella ocasión, a la salida, dijo que necesitaba menos de un mes para ofrecer luz a las joyas encontradas en la caja fuerte de su despacho. Nada más hemos sabido. Bueno, sí, que ha desaparecido de la vida pública.