El anuncio de Irán declarando oficialmente que estaba totalmente abierto al tráfico marítimo comercial el estrecho de Ormuz mientras persista el alto el fuego en Líbano es, sin duda, una buena noticia y un primer síntoma de esperanza. Es cierto que todo está cogido con alfileres y el margen de que volvamos a la situación anterior o incluso peor aún existe. Pero el paso que se ha dado permite rebajar el clima bélico existente y que se recupere el tráfico comercial por el canal marítimo por donde circulan más del 20 % del petróleo mundial y un porcentaje igualmente muy importante de fertilizantes. El anuncio del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, se produce en un momento importante, ya que empezaba a haber signos de diferentes países de un horizonte complicado, con la mirada puesta en las reservas existentes y el verano relativamente cerca.
La apertura del estrecho de Ormuz va a insuflar, sin duda, optimismo a las negociaciones que, de manera discreta, siguen abiertas entre Irán y Estados Unidos con la mediación de Pakistán. Teherán y Washington han ido dando pasos en la desescalada y el último lo ha dado Donald Trump, imponiendo a Israel un alto el fuego de diez días con el Líbano, algo que ha incomodado a Netanyahu. El primer ministro israelí lo ha aceptado a regañadientes, pero no ha dado ningún paso atrás y mantiene el despliegue de sus tropas. Trump ha recordado este viernes que había ordenado a Tel Aviv que cesara cualquier bombardeo y, en tono contundente, que ya basta.
La apertura del estrecho de Ormuz va a insuflar, sin duda, optimismo a las negociaciones que, de manera discreta, siguen abiertas entre Irán y Estados Unidos con la mediación de Pakistán
Según la información facilitada por Estados Unidos, el alto el fuego se sustancia en cuatro puntos: Israel conserva su derecho de defensa contra ataques planeados, inminentes o en curso; Líbano debe adoptar las medidas necesarias para impedir que grupos como Hezbolá perpetren ataques contra objetivos israelíes; las fuerzas de seguridad libanesas tienen la responsabilidad exclusiva de la seguridad del país; y, finalmente, ambos países piden a Estados Unidos que medie para resolver los asuntos pendientes. Si ese alto el fuego provisional de diez días se prorroga, será una prueba significativa de que la voluntad de avanzar es sólida. Obviamente, si fuera definitivo, el salto sería muy importante.
Como sucedió con la primera reunión entre Irán y Estados Unidos, aunque no hubiera avances, no hubo ruptura; el contexto internacional empuja decididamente hacia una desescalada. Hay confianza en que ello pase, aunque sea a partir de hacer de la necesidad virtud. La brusca caída del precio del petróleo y el alborozo de las bolsas mundiales en el cierre del mercado semanal denotan, incluso, una confianza mayor a la que dice la literalidad de los acuerdos. El conflicto iniciado el 28 de febrero tiene, en palabras de Trump, una resolución factible y debería ir muy rápido, ya que la mayoría de los temas han sido negociados. Irán no confirmó este optimismo y hay que ser cautos, porque Trump ha utilizado antes esta estrategia para trasladar la presión o incluso la materialización de una ruptura a su adversario.
Vamos a ver enseguida cuál es la reacción de las navieras a este anuncio, porque van a necesitar más compromisos para entender que ya pueden garantizar la seguridad de sus tripulaciones y de los buques. Resumiendo, un paso importante que necesitará, en los próximos días, nuevos movimientos en la dirección de una voluntad real de paz.