La segunda victoria en dos semanas de la ultraderecha en un estado alemán, este domingo en Mecklenburgo-Pomerania Occidental, con alrededor del 37 % de los votos según las encuestas a pie de urna, pone de manifiesto que el resultado del pasado 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt no fue fruto de la casualidad, ni tampoco de una situación regional en el estado de la antigua República Democrática Alemana (RDA), que tiene Magdeburgo como capital. Es cierto que en Sajonia-Anhalt alcanzó el 43,8 % de los votos y se acercó a la mayoría absoluta, cosa que ahora no ha sucedido. Pero su victoria lleva aparejada una mala noticia cuyo efecto bumerán tendremos que ver en los próximos días: el catastrófico resultado de la CDU y el cuestionamiento del canciller democristiano Friedrich Merz.
Parece bastante evidente que el mapa electoral alemán se está transformando a pasos agigantados y eso que las últimas elecciones federales fueron en febrero de 2025 y el canciller ganó las elecciones y tomó posesión en el mes de mayo, al frente de la alianza que más veces ha gobernado Alemania: CDU y SPD. Pero su desgaste es tan acelerado que empieza a producir un cierto vértigo en el mapa político que se dibuja en el país germano. En las anteriores elecciones regionales, hace cinco años, en Mecklenburgo-Pomerania Occidental, AfD se situó en el 16,7 % de los votos y en Sajonia-Anhalt en el 20,8 %. En ambos länder ha subido más de 20 puntos porcentuales. En las otras elecciones que se han celebrado también este domingo, en la ciudad-estado de Berlín, ha quedado tercera, pero se ha situado en el 15 % de los votos, más que doblando los últimos resultados.
En este contexto no es extraño que las encuestas que están saliendo sobre futuras elecciones en Alemania ofrezcan un escenario devastador para el partido de Merz
Buena parte de este resultado es claramente a costa de la CDU, a la que está haciendo un siete de enormes proporciones. Tanto es así que en Mecklenburgo, un pequeño estado en el noreste de Alemania, en la costa del mar Báltico, el partido de Merz se debate entre la desaparición y la permanencia en el parlamento regional, ya que se mueve en el límite del 5 % de los sufragios, el mínimo para tener representación parlamentaria. Si eso pasara, sería un hecho inédito en la historia de la República federal. Pero es que en Berlín también ha caído ocho puntos y perderá el gobierno de la capital del país, en beneficio de la coalición de izquierdas que lidera Die Linke. En este contexto no es extraño que las encuestas que están saliendo sobre futuras elecciones en Alemania ofrezcan un escenario devastador para el partido de Merz, que aparece claramente superado por la AfD por alrededor de 8 puntos.
La mejor noticia para el canciller es que hasta la próxima primavera no tendrá nuevos procesos electorales regionales y, si supera la situación que vivirá en los próximos días, comprará tiempo. La peor es que no dispone de palancas para revertir la situación: economía, inmigración y vivienda son tres losas demasiado pesadas para que los electores que ha perdido puedan plantearse un retorno a la CDU. El malestar de las clases medias no va a encontrar respuesta alguna en el corto plazo con las políticas del gobierno Merz y es muy probable que sus socios de la socialdemocracia del SPD empiecen a sentirse incómodos con un canciller que tendrá que taponar el agujero de votantes hacia la AfD y lo hará con políticas que no serán de su agrado.
