Ansu Fati fue durante mucho tiempo uno de esos nombres que generaban división dentro del Barça. Parte del vestuario todavía veía en él un delantero aprovechable, capaz de alternar posiciones con Raphinha y aportar gol desde zonas interiores. Hansi Flick, sin embargo, decidió cortar por lo sano y apostar por una salida definitiva. Meses después, el tiempo empieza a darle argumentos al técnico alemán.
El Mónaco pagó 11 millones de euros por Ansu este verano y lo incorporó en propiedad con contrato hasta 2030. La idea era ofrecerle estabilidad, continuidad y un contexto nuevo después de varias temporadas marcadas por lesiones y falta de ritmo. Pero el arranque ha vuelto a ser complicado, ya que todavía no ha podido disputar ni un minuto, ni en amistosos ni en partidos oficiales.
Flick no quería volver a depender de su físico
Durante la pretemporada, Ansu sufrió problemas en el gemelo y el Mónaco decidió frenar inmediatamente su puesta en escena para evitar riesgos. El club del principado diseñó un plan individualizado para evitar que la dolencia fuera a más, pero eso ha retrasado por completo su integración competitiva.

Ese era precisamente uno de los grandes temores de Flick. El entrenador no dudaba del talento del atacante, pero necesitaba disponibilidad, continuidad y capacidad para soportar el ritmo físico que exige su Barça. Con una presión alta y delanteros obligados a repetir esfuerzos constantemente, cualquier jugador con problemas recurrentes podía terminar condicionando toda la planificación.
El Barça necesitaba certezas en ataque
Dentro del vestuario todavía había quienes pensaban que Ansu podía recuperar su mejor versión jugando cerca de Raphinha. Su facilidad para atacar el área y definir seguía generando esperanza, especialmente teniendo en cuenta que solo tiene 23 años. Flick, sin embargo, prefirió no construir el ataque alrededor de esa posibilidad. Quería jugadores disponibles cada semana y entendía que seguir esperando podía bloquear otras decisiones deportivas.
La salida por 11 millones permitió al Barça cerrar definitivamente una etapa y al Mónaco asumir el riesgo de intentar recuperar a un futbolista de enorme potencial. Ahora Ansu trabaja para volver y todavía tiene tiempo para demostrar que puede dejar atrás sus problemas físicos. Pero, desde la perspectiva del Barça, su inicio en Francia refuerza la decisión tomada en verano.
Flick no lo dejó marchar porque dudara de su calidad. Lo hizo porque no podía seguir esperando a saber cuándo estaría disponible. Y viendo que septiembre avanza sin que Ansu haya podido debutar, el técnico sabe que eligió priorizar una certeza sobre una esperanza.