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Pau Cubarsí ha dejado de ser únicamente una promesa para convertirse en una autoridad silenciosa dentro de la selección española. Ricard Torquemada, en El Club de la Mitjanit, lo resumió con una frase muy gráfica: "El Mundial le dio autoridad, no hace ruido, todos asumen que no se discute". El central del Barça ha pasado a ocupar un lugar prácticamente indiscutible en la defensa de Luis de la Fuente.

La clave está en que Cubarsí aporta mucho sin necesidad de llamar la atención en exceso. No es un central que viva de grandes gestos, sino de la lectura, la colocación y la capacidad para resolver acciones antes de que se conviertan en problemas. Después del Mundial, además, esa fiabilidad ha ganado todavía más peso dentro del grupo y en el respeto que le tienen los rivales.

En la derecha puede explotar mejor todas sus virtudes

Torquemada considera que Cubarsí debe asentarse permanentemente en el perfil derecho de la defensa, una zona desde la que puede aprovechar mejor su capacidad para ganar duelos y sacar el balón jugado y hacer llegar el balón a la parcela ofensiva. El central responde tanto por arriba como por abajo, algo fundamental en una selección que quiere defender lejos de su propia área.

Cubarsí Gamper Barça (Grande)

Su lectura del juego también le permite anticipar y corregir rápidamente. Cuando España pierde la pelota, Cubarsí suele ser de los primeros en detectar dónde puede aparecer el peligro y cuándo hay que salir a cortar. Esa seguridad explica por qué De la Fuente lo considera una pieza cada vez más difícil de mover.

Su salida de balón lo convierte en mucho más que un defensa

El otro gran argumento está en la construcción. Cubarsí no se limita a despejar o entregar en corto. Tiene capacidad para romper líneas, encontrar al mediocentro y acelerar la jugada desde atrás, algo esencial para una España que quiere dominar desde la posesión. Eso obliga también a elegir bien quién juega a su lado. Cubarsí necesita un compañero que le dé equilibrio y que le permita mantener su posición en la derecha, donde se siente más cómodo y puede interpretar mejor la salida.

El Mundial terminó de darle una jerarquía que antes todavía estaba en construcción. Ahora ya no se discute si debe estar, sino quién debe acompañarlo. Y quizá ahí está la mejor definición de su evolución, ya que Cubarsí no necesita levantar la voz para mandar. Gana duelos, organiza, sale jugando y transmite seguridad. En una selección con muchas estrellas, su autoridad se ha construido precisamente desde el silencio.