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Lamine Yamal salió de la gala del Balón de Oro con el Trofeo Kopa, pero con la sensación de irse con las manos vacías. El delantero del Barça terminó tercero, por detrás de Harry Kane y Kylian Mbappé, después de defender públicamente sus méritos para ganar. Ese desenlace abre un reto que también afecta a Luis de la Fuente al hacer que la decepción no termine condicionando el rendimiento de uno de los jugadores fundamentales de España.

En este sentido, la cuestión será cómo responde sobre el césped. Una candidatura como la suya puede convertir los siguientes partidos en una oportunidad de reivindicación, con el riesgo de querer demostrar demasiado en cada acción. Para la selección, lo importante es que Lamine conserve la naturalidad que le permite ser el que ha sido siempre, sin sentir que cada encuentro debe servir para discutir el resultado de una votación.

El precedente de Vinicius alimenta la comparación

El caso de Vinicius aparece inevitablemente en este debate. Después de quedarse sin el Balón de Oro de 2024, dijo en X: “Lo haré diez veces más si es necesario. No están preparados”. Su reacción convirtió la siguiente etapa en una cuesta hacia abajo que todavía no ha frenado desde entonces.

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De esta manera, ese episodio sirve para plantear un riesgo, aunque no permita anticipar qué le ocurrirá a Lamine. La ambición puede ayudar a mejorar, pero perseguir una demostración individual constante también puede complicar decisiones sencillas. El extremo aporta más cuando interpreta el partido que cuando intenta resolverlo todo por su cuenta. Mantener ese equilibrio será importante tanto para el Barça como para la Roja.

España necesita su desequilibrio y su confianza

Desde la perspectiva de De la Fuente, el objetivo deportivo debe seguir siendo integrar ese talento en el funcionamiento colectivo. España necesita sus regates, sus pases y su capacidad para atraer rivales, pero también que encuentre a los compañeros cuando una jugada exige compartir el protagonismo. Un premio individual no modifica esas necesidades ni debería convertirse en la medida con la que valorar cada una de sus intervenciones.

Así pues, la respuesta llegará en los próximos encuentros. Lamine tiene por delante la posibilidad de transformar la decepción en continuidad, sin acelerar sus decisiones ni cargar con obligaciones añadidas. Para De la Fuente, conservar esa versión del delantero será más valioso que cualquier reivindicación sobre quién merecía terminar primero en la gala.