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Hansi Flick tiene una norma que no piensa negociar en el Barça, porque para él, todo el mundo tiene que trabajar sin balón. El técnico alemán considera que la presión y el esfuerzo defensivo son una obligación colectiva, independientemente del nombre, el talento o el peso que tenga cada jugador dentro del vestuario. Lamine Yamal está incluido en esa exigencia y el propio futbolista lo ha reconocido públicamente, porque sabe que si el equipo no corre, es muy difícil ganar.

Flick ya ha demostrado que no le tiembla el pulso cuando detecta que alguien no cumple con esas responsabilidades. Ansu Fati y Marcus Rashford son dos ejemplos que el vestuario tiene muy presentes. En ambos casos, el entrenador terminó perdiendo confianza cuando entendió que no estaban ofreciendo exactamente el nivel de trabajo que exige su modelo.

La presión es una obligación para todos, sin excepción

El Barça de Flick necesita que los delanteros sean los primeros defensores del equipo. Cuando se pierde el balón, los extremos deben cerrar líneas de pase, el delantero tiene que acosar la salida rival y los centrocampistas necesitan acompañar la presión. Si una pieza se desconecta, todo el sistema pierde eficacia.

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Por eso Lamine Yamal tampoco tiene permiso para quedarse fuera del esfuerzo. Puede ser la gran estrella y el futbolista más desequilibrante, pero Flick quiere que participe también cuando el Barça no tiene la pelota. El propio extremo sabe que esa disciplina forma parte del salto competitivo que exige el técnico.

Ansu y Rashford dejaron un aviso al vestuario

Lo ocurrido con Ansu Fati y Rashford sirve ahora como referencia interna. Flick puede valorar muchísimo el talento individual, pero no mantendrá a un futbolista dentro de su estructura si considera que rompe el compromiso colectivo.

Eso no significa que todos tengan que recorrer exactamente los mismos metros ni asumir idénticas funciones. Cada posición tiene obligaciones diferentes, pero nadie puede desentenderse de la presión o bajar la intensidad de manera continuada.

El mensaje de Flick es especialmente importante porque afecta también a los jugadores con más jerarquía. No existen excepciones por nombre, salario o condición de estrella. El técnico quiere un Barça agresivo, compacto y dispuesto a correr junto. Y dentro del vestuario ya saben cuál es la consecuencia si alguien deja de hacerlo: primero perderá minutos y, si la situación se mantiene, acabará fuera de los planes igual que ocurrió anteriormente con otros futbolistas.