Alejandro Balde ha pasado de estar en la lista de posibles ventas importantes del Barça a convertirse en un jugador prácticamente intocable para Hansi Flick. El club sabía que su salida podía dejar una cifra cercana a los 50 millones y ayudar mucho a cuadrar el mercado, pero el escenario ha cambiado. Sin Marc Cucurella ni Alejandro Grimaldo, el Barça ya no tiene una alternativa clara para el lateral izquierdo.
La idea inicial era sencilla: si llegaba una oferta alta por Balde y el club podía cerrar un sustituto de garantías, la operación se estudiaría. Cucurella gustaba por su intensidad y por conocer el entorno azulgrana. Grimaldo también encajaba por calidad técnica, experiencia y capacidad ofensiva. Pero ninguno de los dos caminos ha terminado de abrirse.
Flick frena la venta
La realidad es que Hansi Flick no quiere empezar la temporada sin un lateral izquierdo titular de nivel. Balde puede tener altibajos, pero ofrece profundidad, velocidad y una capacidad física difícil de encontrar en el mercado. Además, todavía es joven y tiene margen para mejorar en la lectura defensiva, una de las áreas que el técnico alemán quiere trabajar con él.

El problema es que venderlo sin recambio sería un riesgo enorme. El Barça ya ha comprobado que el mercado de laterales izquierdos no ofrece demasiadas opciones que gusten, sean asumibles y quieran venir. Cucurella resultaba demasiado caro y ya es del Real Madrid, mientras que Grimaldo acabó en el Atlético de MAdrid. Y fichar por fichar no convence a un Flick que siempre ha sido muy cuidadoso con las incorporaciones.
Balde cambia de estatus en la plantilla
Por eso Balde ha cambiado de estatus en cuestión de semanas. Antes podía ser una venta estratégica. Ahora es una necesidad deportiva. Si el Barça no encuentra un lateral que mejore o iguale su rendimiento, desprenderse de él sería debilitar una zona clave de la plantilla.
La decisión también afecta a la planificación del resto del mercado. El dinero que podía llegar por Balde habría servido para reforzar otras posiciones, pero Flick prefiere no romper la defensa por una operación económica. El técnico entiende que el equipo necesita estabilidad atrás y que el lateral izquierdo no puede quedar en manos de un experimento. Balde era el elegido para hacer caja, pero el mercado ha hablado. Sin Cucurella, sin Grimaldo y sin una alternativa real, el Barça ya no puede venderlo: ahora lo necesita más que nunca.