Josep Cubells Bargalló estaba solo en la sede social del Barça cuando una bomba alcanzó el edificio la noche del 16 de marzo de 1938. El conserje sobrevivió porque se encontraba en la parte posterior del inmueble. Sin embargo, el impacto había provocado un derrumbe que mató a cinco vecinos y dejó prácticamente destruidas las oficinas del club, situadas en el número 331 de la calle Consell de Cent.
Eran aproximadamente las once y media de la noche, en plena Guerra Civil. El proyectil había sido lanzado por la aviación italiana que apoyaba al bando franquista. Entre los daños quedaron alrededor de 300 trofeos de las primeras décadas de la entidad. Cubells, que también tenía allí su vivienda, comenzó a organizar el rescate de lo que todavía podía recuperarse entre los escombros del edificio.
El conserje que protegió los documentos del club
En este sentido, su actuación fue más allá de recoger copas. Con ayuda de otros empleados y algunos amigos, puso a salvo documentación, mobiliario y trofeos, tanto enteros como dañados que hablan de la historia del club. El material se trasladó a un almacén antes de llevarlo a la nueva sede de la Ronda de Sant Pere. También logró recuperar 2.500 pesetas que habían quedado entre los escombros, según la reconstrucción histórica del Barça.

La intervención permitió conservar una parte del patrimonio de los primeros cuarenta años de la entidad. Los objetos recuperados documentaban competiciones, actividades y decisiones de un club fundado en 1899. Su pérdida habría dejado vacíos difíciles de reconstruir. Cubells ayudó a que aquellos testimonios sobrevivieran al bombardeo y pudieran trasladarse cuando el Barça tuvo que reorganizar sus dependencias en otro local de la ciudad.
Las copas destrozadas tuvieron una segunda vida
De esta manera, incluso parte de los trofeos que habían quedado inservibles acabó formando un nuevo recuerdo. En 1963, por iniciativa de la revista Barça, se fundieron restos metálicos recuperados tras el bombardeo para crear una pieza simbólica: la Copa de Todos. Aquella copa reunía en un solo objeto los restos de numerosos reconocimientos deportivos y recordaba el esfuerzo de quienes habían conseguido conservarlos.
Así pues, el legado de Josep Cubells quedó unido a la memoria material del club. Trabajó como conserje desde 1927 hasta su muerte, en diciembre de 1960. La revista oficial recordó que jugadores y directivos llevaron su féretro a hombros durante el funeral. Décadas después, su nombre sigue explicando por qué una parte de la historia azulgrana pudo sobrevivir bajo aquellos escombros.