Que fácil que es criticar a los jugadores a posteriori, dicen algunas personas. Pues sí, es extremadamente fácil. Sobre todo cuando los futbolistas en cuestión se empeñan en poner de manifiesto que los periodistas y los seguidores a veces -sólo a veces- tienen razón.

Este martes, un día más, Nélson Semedo y Arturo Vidal han demostrado que no tienen la calidad necesaria para formar parte del once del Barça. Probablemente tampoco la tienen para ser simples integrantes de la plantilla.

Los dos han caído en la trampa de Yannick Ferreira Carrasco y han provocado los dos penales que, si no hay una sorpresa mayúscula, costarán la Liga al Barça. El primero, el de Arturo, después de pasarse de frenazo de manera incomprensible. El segundo, el de Semedo, después de una acción que se puede calificar de poco afortunada. Sí, Hernández Hernández ha castigado contactos mínimos. Pero en el área del Atlético de Madrid, en una jugada del propio Semedo, también ha sido quisquilloso.

Lo peor de todo es que las acciones de los penales ni siquiera son definitorias. Los partidos de Semedo y Vidal, con o sin pena máxima, han sido nefastos. El chileno es incapaz de trenzar pases, llega tarde y su mejor virtud, la llegada desde segunda línea, parece que ha pasado a mejor vida por culpa del confinamiento.

Sobre el segundo, después de tres cursos en el Camp Nou, ya no se puede decir nada más. La prueba evidente de su inoperancia la encontramos en la mirada de Leo Messi. El argentino, pobre, hace tres años que intenta de manera infructuosa que el portugués le devuelva una pared en condiciones.

Quique Setien Barca Atletic Madrid EFE

EFE

Setién pierde el rumbo

Sobre Quique Setién, sin embargo, tampoco se puede decir nada bueno. El cántabro, la gran esperanza del cruyffismo, hace semanas que va a la deriva. Y contra el Atlético ha perdido el rumbo de manera definitiva. La mejor prueba de ello: ha enviado a calentarse Ansu Fati y Antoine Griezmann cuando sólo quedaban diez minutos de partido. Lo que seguramente no sabía, sin embargo, es que una tercera persona también ultimaba su puesta a punto. Su nombre es García Pimienta.

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