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Ricard Torquemada publicó en el diario ‘Mundo Deportivo’ una reflexión interesante, que avisa del problema de normalizar las cosas. Porque la gente tiende a restarle importancia a las cosas a las cuales se acostumbra a ver regularmente, y pone a Lamine Yamal como ejemplo de esto. Y es que, si a alguien le dicen hace unos años que el sustituto de Leo Messi sería un chico de 19 años, que era juvenil hasta hace unos meses, nadie se lo hubiera creído.

Pero la presión mediática no ha afectado al hispano-marroquí, quien asumió la responsabilidad de heredar el dorsal ‘10’, y que debutó con el primer equipo del Barça todavía en edad cadete. Con 16 años ya era intocable, y con 18, finalizó segundo en las votaciones del Balón de Oro. Además, ya puede presumir de haber sido campeón de la Eurocopa y del Mundial con la selección española, y teniendo un papel muy protagonista en ambos torneos, en especial, en el primero.

Lamine Yamal 

“No podemos caer en la trampa de normalizarlo. Es una tentación por la dimensión del jugador a pesar de su juventud y porque nos pesa en la memoria haber compartido paso a paso el viaje de Messi, el mejor futbolista de la historia. Es el privilegio de vivir cerca del Barça. Cuando acompañas los primeros pasos de Lamine Yamal, su superioridad futbolística natural, no tienes la sensación de ver algo nuevo. Todo tiene cierto aire de similitud con una época pasada. No por su manera de vivir el juego, sí por la facilidad para marcar diferencias. A veces sientes pánico por caer inevitablemente en la comparación, algo que no conduce a nada”, escribió el periodista.

También analizó la importancia que tiene en el juego del Barça, resultando decisivo, incluso en los días donde no destaca tanto, ya que no está inspirado u otro compañero le quita el protagonismo, como Raphinha Dias, que ha comenzado el curso a un nivel sublime. “Lamine Yamal es una fuente permanente de producción ofensiva. Puede estar más o menos acertado, pero se juntan su calidad, creatividad y desequilibrio con su hambre competitiva y pasión por el fútbol. Cuando recibe el balón, reclama la atención porque transmite la seguridad de que puede cambiar el escenario”, comenzó diciendo.

“Ya sea con un regate, con un control, a través del pase, de la conducción, de la asociación o del remate. El Barça sabe que lo tiene abierto en la banda derecha para que el ataque posicional pueda conectar con él sin muchas ayudas defensivas a su alrededor”, añadió para finalizar.