Una serie te puede gustar más o menos, pero cuestionar sus logros no está reñido con admirar su capacidad para instalarse en el imaginario colectivo. Stranger Things nació como poco menos que una operación nostálgica, una actualización, y una explotación, de las películas y series de los años 80. La paradoja es que en realidad se parece poco a todo aquello, porque en realidad es una adaptación apócrifa de numerosos textos de Stephen King. Pero aquí la cosa es que la serie ha conseguido forjar un icono generacional que, y en esto sí que apela a los fenómenos audiovisuales de los 80, ha recuperado la sensación de acontecimiento que tanto se ha perdido en las salas de cine. Una buena prueba es cómo su quinta y última temporada se está estrenando en Netflix: cuatro episodios ahora, tres más el 26 de diciembre y el gran clímax de larga duración el 31. Una ventana como esta solo es posible si tienes un producto imbatible desde un punto de vista mercantil que sabe dirigirse a un público muy transversal. Y de acuerdo que Stranger Things no ha sido nunca una ciencia exacta en términos de calidad, pero es evidente que se ha erigido en una marca de largo recorrido en unos tiempos en que la inmediatez lo fagocita todo.
Dicho esto, ¿merecen la pena estos primeros cuatro episodios de la temporada final? Sí, porque se nota que sus creadores, los hermanos Duffer, conocen el percal. Lo mejor que se puede decir es que es muy coherente con todo lo que hemos visto hasta ahora: alterna con habilidad el hilo argumental con el inevitable guiño nostálgico, sabe ser ligera y terrorífica a la vez (el gran mérito de la serie) y consigue prestar atención a su extensa galería de personajes sin morir en el intento. Destaca porque, a pesar de abocarse a una despedida definitiva, transmite la sensación constante de que la trama avanza sin demasiada prisa, dosificando bien sus giros. Un buen ejemplo de este ir a lo suyo sin histerias lo encontramos en su arranque, un montaje paralelo que te sitúa el contexto, el conflicto y a sus protagonistas con una precisión loable.

'Stranger Things' se despedirá en buena forma
En la parte positiva también brilla el gran acierto de dar un papel a Linda Hamilton, los easter eggs que llenan el metraje (un festival para amantes del género) y una conjugación entre imagen y música que ya es marca de la casa. En la balanza negativa, como ya pasaba en la anterior temporada, está el acto de fe que representa creerse a sus intérpretes. Para empezar, porque el paso del tiempo ha jugado una mala pasada a la verosimilitud de sus personalidades, pero es que además algunos de los intérpretes ya no tienen el carisma necesario como para proyectar la intensidad que sí tenían de pequeños. En todo caso, a la espera de ver cómo resuelven la historia, vuelve a quedar claro que Stranger Things se despedirá en buena forma y que, dentro de unos años, se mirará con la misma nostalgia que despiertan ahora sus fuentes de inspiración.