Edimburgo (capital del reino de Escocia), 26 de febrero de 1695. Hace 331 años. El Parlamento de Escocia autorizaba la creación de la Company of Scotland Trading to Africa and the Indies (Compañía de Comercio de Escocia con África y las Indias), a propuesta del negociante escocés William Paterson (1658 – 1719). La Company of Darien, como también sería conocida, tenía el objetivo de crear una colonia privada en el istmo de Panamá que debía proveer de materia prima las fábricas de Glasgow, hasta entonces totalmente dependientes de las colonias inglesas en Norteamérica y en el sureste asiático, y de la East India Company, el gigante inglés de creación de colonias y de extracción y de comercialización de los recursos coloniales.

La Compañía de Escocia
La Company of Darien (llamada así por la región panameña donde se estableció aquel proyecto colonial), o, también, Compañía de Escocia se capitalizó en tan solo cuatro meses. El 26 de junio de 1695, los administradores habían reunido 400.000 libras esterlinas (el equivalente aproximado a unos 100 millones de euros) y durante el primer semestre de 1696, desde su sede central, situada en High Street (la actual Royal Mile, de la capital escocesa) la compañía iniciaría sus operaciones. Adquiriría cinco barcos (Saint Andrew, Caledònia, Unicorn, Dolphin y Endeavour) y reclutaría 2.500 pioneros, que entre noviembre de 1698 y noviembre de 1699 –en dos remesas de 1.200 y de 1.300 colonos– se establecerían en el istmo de Panamá.
¿Quién se sintió interpelado en aquel proyecto?
El investigador Douglas Watt –especializado en el estudio de esta etapa histórica – revela que la sociedad escocesa de la época contemplaría la “Compañía de Escocia”, a pesar de su naturaleza privada, como un proyecto de carácter nacional. Según Watt, los archivos de la compañía revelan una sorprendente composición del accionariado, donde están presentes todos los grupos sociales, no tan solo las clases mercantiles, sino también los propietarios rurales... y las mujeres de clase privilegiada. Para Watt y para los historiadores escoceses, esta composición tiene muchísima importancia por qué, a pesar del clima de crisis económica y de división social que imperaba en aquel momento, la sociedad escocesa abrazaría un proyecto pensado para convertir Escocia en una potencia.

¿Qué pasó con el proyecto "Compañía de Escocia"?
La colonia de Darién no se pudo consolidar. Básicamente por las dificultades de adaptación de aquellos pioneros escoceses a las temperaturas tropicales de Panamá —cálidas y húmedas, todo el año— radicalmente diferenciadas del clima de Escocia. Las enfermedades tropicales diezmaron notablemente los contingentes de colonos, hasta hacer inviable un proyecto que, en palabras de la profesora escocesa Mélanie Cournil (Universidad de la Sorbona), había sido concebido "para promover la autonomía nacional de Escocia —en aquel momento, Escocia e Inglaterra compartían rey pero no Parlamento, y, por lo tanto, estaban vinculadas a través de la fórmula 'unión dinástica'—, y romper la dependencia respecto a la poderosa compañía de capital inglés East India Company".
¿Cuál fue el papel de la monarquía hispánica en aquel proyecto?
En aquel momento, el rey hispánico era Carlos II, totalmente invalidado por sus discapacidades. Y, por lo tanto, el verdadero gobernante era el primer ministro Portocarrero, un personaje con una escasa altura política al que, por ejemplo, se le acusaría de falsificar el testamento de Carlos II a favor de Felipe de Borbón (1700). Y con el proyecto escocés "se cubriría de gloria". Porque, si bien Panamá era territorio colonial hispánico, la cesión de una parte —temporal o definitiva— a una compañía creada para romper el monopolio comercial inglés —los grandes rivales de los hispánicos en los océanos— era una oportunidad, como mínimo, a explorar. En cambio, ordenaría que la Armada hispánica atacara a los colonos escoceses y contribuiría al fracaso de aquel proyecto.

¿Cómo afectó aquella quiebra a la sociedad escocesa de la época?
La quiebra de la Compañía de Escocia provocó una gran desilusión. La profesora Mélanie Cournil relata que aquella sociedad había creado unas grandes expectativas que no se verían transformadas en realidades: "Incluso la iglesia había apoyado aquel proyecto, enviando clérigos con la primera expedición para dar apoyo moral a los colonos pero, también, para llevar el evangelio a la población indígena. Aquel continente salvaje parecía ofrecer la perspectiva de crear una nueva comunidad devota, una tierra de abundancia y grandes perspectivas, una visión radicalmente opuesta a la cruda realidad de la Escocia del siglo XVII. Los poemas y las cartas de la época celebraban la belleza del paisaje (...) y su fauna exótica".
¿Qué pasó con los inversores escoceses y qué relación tiene aquella quiebra con la definitiva unión de Escocia e Inglaterra?
La quiebra diluyó, totalmente, la ideología del proyecto, y los grandes inversores –como el propio Paterson– no verían otra salida que la fabricación de alianzas comerciales con los históricos rivales ingleses para restaurar la actividad económica escocesa. Y la suma de la desilusión colectiva y de la renuncia a un proyecto comercial y político nacional, conduciría a la sociedad escocesa a la desmovilización. Un fenómeno que el poder inglés –con el argumento de salvar financieramente a Escocia– aprovecharía para forzar la unificación. Ocho años más tarde (1707) los Parlamentos de Londres y de Edimburgo firmaban el Acta de Unión. Escocia perdía su independencia y quedaba incorporada a un nuevo edificio político de arquitectura unitaria llamado Gran Bretaña.
