Salir del teatro con el estómago revuelto no siempre es una mala noticia. A veces significa que algo ha conseguido atravesar la cuarta pared e instalarse allí donde más incomoda. Es lo que ocurre con Perdona'm, cos meu, la obra de Queralt Riera que pone el cuerpo —literalmente— ante una realidad que, por más que nos hayamos "acostumbrado", sigue siendo intolerable: las mujeres todavía son violadas, maltratadas y asesinadas por sus parejas. Una realidad que demasiado a menudo acabamos asumiendo como una noticia más.
Riera, autora y directora de la pieza, construye un tríptico de voces protagonizado por Carme, Maricarme y Carmela, interpretadas por Mireia Aixalà, Annabel Castan y Àfrica Alonso. Tres mujeres, tres experiencias atravesadas por la violencia y tres maneras de mostrar cómo las relaciones tóxicas pueden convertirse en una jaula de la que no siempre es fácil salir. El texto avanza de manera fragmentaria, entre testimonios, recuerdos, canciones, mitología griega y tradiciones populares. En el centro de todo, una metáfora tan cotidiana como escalofriante: la matanza del cerdo, un ritual transmitido de generación en generación que sirve para explicar cómo la violencia también se aprende, se hereda y se esconde entre cuatro paredes.
Tres voces contra el olvido
Las tres actrices sostienen con mucha fuerza este universo. Aixalà, Alonso y Castan dan cuerpo a unas historias que no necesitan grandes artificios para hacer daño. La combinación de palabra, movimiento, música y humor negro evita que el espectador quede atrapado en una sucesión de situaciones dramáticas. La música original de Sergi Andrades acompaña y tensiona el relato, mientras que las escenas breves van completando un mosaico que el espectador debe acabar de reconstruir. En un mundo saturado de estímulos, en el que cada vez cuesta más mantener la atención, la obra consigue algo nada fácil: no te deja desconectar ni un momento. Todo ocurre con un ritmo vivo, casi sin tregua, y las escenas se encadenan con tanta agilidad que, incluso en un día espeso, es imposible perder el hilo. Perdona'm, cos meu te atrapa desde el primer momento y no te libera hasta el final. Y es entonces, cuando se acaba la función, cuando llega el golpe de verdad: lo que has visto no es solo teatro, es una realidad que sigue ocurriendo fuera de esa sala.

Pero lo que más golpea es la dimensión humana de todo ello. Porque no, no son una más. No son una cifra, ni un caso más que aparece en el telediario y desaparece de nuestra memoria al día siguiente. Son mujeres que tenían una vida, amigas, familia, padres, proyectos y un futuro. Mujeres que, a veces, necesitan mucho más que un consejo para salir de una relación de dependencia y violencia. Necesitan tiempo, herramientas y una red que no las abandone.
Y es aquí donde la obra pone el foco en otra cuestión fundamental: la importancia de no tener que atravesar todo esto en soledad. De tener a alguien al lado que escuche, que no juzgue, que no exija decisiones ni soluciones inmediatas. Porque a veces acompañar es simplemente estar ahí: dejar llorar, escuchar la misma historia unas cuarenta veces si es necesario, y hacer saber que no hay que tenerlo todo claro ni encontrar fuerzas cada día. Que hay alguien al otro lado, dispuesto a quedarse.
Perdona'm, cos meu no es una obra cómoda ni pretende serlo. Queralt Riera no busca que salgamos del teatro tranquilos, sino que miremos de cara aquello que demasiado a menudo preferimos no ver. Porque detrás de cada feminicidio, no hay una estadística, hay una vida que se ha acabado, una historia que ya no podrá continuar y muchas personas que tendrán que aprender a vivir con esta ausencia. Y eso, no puede convertirse nunca en una noticia más.