Brujas (Condado de Flandes, Países Bajos hispánicos), 24 de mayo de 1524. Hace casi 500 años. Joan Lluís Vives March (València, 1492), judío converso y profesor de Filosofía de la Universidad de Lovaina, y Margarida Valldaura Servent (València, 1505), judía conversa y exalumna de Vives, se casaban en el templo católico de San Francisco de los Catalanes, de la capital de Flandes. Poco después, Joan Lluís sería nombrado catedrático de Humanidades de la Universidad de Oxford y la pareja se mudaría a Inglaterra, donde se convertirían en un referente de la corriente intelectual humanista. Durante la etapa inglesa y, durante la posterior etapa flamenca, Margarida jugó un papel que iba mucho más allá del papel de esposa que le había reservado la sociedad de la época: fue la otra mitad de Joan Lluís Vives, figura esencial del humanismo.

Retrato de Joan Lluis Vives (siglo XVI). Fuente Museo del Prado
Retrato de Joan Lluís Vives (siglo XVI) / Fuente: Museo del Prado

¿Quién era y de dónde venía Margarida?

Margarida era hija de una familia de comerciantes valencianos, de tradición y confesión judías, que se habían bautizado en la fe católica durante la etapa de presión social y política que se produjo entre los pogromos (1391) y el Decreto de conversión o expulsión de la Alhambra (1492). Después de la conversión, habrían conservado —naturalmente, de forma clandestina— su fe mosaica. Y esta sería, probablemente, la causa que explicaría su particular diáspora. Desde que la monarquía hispánica había implantado la Inquisición en los países del Casal de Barcelona (1485), las comunidades conversas vivían sometidas a un verdadero régimen de terror, siempre sospechosas y permanentemente amenazadas. No sabemos con exactitud en qué momento los Valldaura escaparon de aquel paisaje de riesgo y de incertidumbre, pero sí que sabemos que fue entre 1505 y 1512.

¿Cómo llega Joan Lluís a Brujas?

Joan Lluís Vives escapó de València en un momento crítico. Su familia (padres, hermanos, tíos y primos) habían sido detenidos y torturados por la Inquisición hispánica (1509). Los Vives —los viejos Abenfaçam de antes de la conversión— saldrían muy mal parados de aquella persecución: arruinados materialmente (por el pago de las abusivas remisiones de penas) y achacados físicamente o directamente muertos (a consecuencia de las torturas), desaparecerían del paisaje social valenciano. Pero Joan Lluís consiguió escapar y llegar hasta Brujas, donde había una activa comunidad katalanim (judíos y conversos de origen catalano-valenciano) constituida poco después de los pogromos de 1391 y donde residían los Valldaura, unos parientes lejanos de los Vives que habían escapado de aquel paisaje de terror fabricado por el régimen hispánico.

Diego Deza, inquisidor general Felipe II y el duque de Alba. Fuente Museo del Prado y Palau de Liria
Diego Deza, inquisidor general, Felipe II y el duque de Alba / Fuente: Museo del Prado y Palacio de Liria

¿Por qué los katalanim se exiliaron a los Países Bajos?

El porque una corriente importante de judíos y de judíos conversos peninsulares se refugió en los Países Bajos, que, a principios del siglo XVI, ya era un estado del edificio político hispánico se explica por varios motivos, pero principalmente porque las instituciones y constituciones del país habían impedido el establecimiento de la Inquisición. No sería hasta bien avanzado el siglo XVI, con los nombramientos del cardenal Granvela (1556) y del duque de Alba (1567) como representantes del integrista Felipe II, que los colectivos que el poder hispánico consideraba disidentes del régimen, empezarían a sufrir la brutal represión ordenada por la cancillería de Madrid. Hasta entonces, el país había sido un oasis de paz. Pero esta convivencia se acabaría cuando Alba creó el Tribunal de los Tumultos (1567), que provocaría una diáspora hacia los Países Bajos neerlandeses independientes.

Margarida y Joan Lluís

Durante aquella etapa de convivencia, mucho antes de que Felipe II, Granvela y Alba convirtieran Flandes en un inmenso charco de sangre (se calcula que entre 1567 y 1576 los hispánicos asesinaron a más de 30.000 personas al grito de “España, a sangre, a carne, a fuego, a saco”), Joan Lluís fue el preceptor de los hijos de Bernat Valldaura, entre ellos una jovencísima Margarida (1514). Se puede decir que la relación entre Joan Lluís y Margarida fue una historia de amor que surgió entre el profesor y la alumna. Cuando menos, las fuentes documentales, que detallan el noviazgo y las bodas, revelan que aquella relación se inició y se consolidó "a satisfacción de las dos familias" (cosa que hace pensar que entre los Vives de València quedaba algún superviviente). Sin olvidar el aspecto práctico: la tradición endogámica tan arraigada entre las comunidades judías.

Enrique VIII, Caterina de Aragón y Maria de Inglaterra
Enrique VIII, Catalina de Aragón y María de Inglaterra

Los años ingleses

Vives ya había dado muestras de su extraordinaria capacidad intelectual. Pero la eclosión de su figura se produciría durante los años ingleses (1524-1528). En septiembre de 1527, el rey Enrique VIII de Inglaterra —a instancias de la reina consorte Catalina de Aragón— lo nombraba preceptor de la princesa heredera María. Un encargo de esta naturaleza era la culminación de la carrera de un docente. Y sorprendentemente, Vives, que años antes había escapado milagrosamente de las garras de la Inquisición hispánica, se convertía en el preceptor de la futura reina de Inglaterra, en un momento en que la vieja Britannia era, todavía, un bastión del catolicismo. Aquel trabajo le duró poco, en buena parte a causa de la tensión creciente entre Londres y Toledo, que comportaría que, a ojos de la cancillería inglesa, se convirtiera en un personaje poco fiable.

Los años flamencos y el protagonismo de Margarida

Pero aquella efímera experiencia lo catapultó a la primera división de la intelectualidad europea. Y con él, la figura de su discreta y eterna acompañante. Una discreción que poco a poco se transformaría en protagonismo; sobre todo a partir del momento en que Joan Lluís empezó a sufrir ataques de gota que le imposibilitaban su tarea. Margarida cogió las riendas de aquella "fábrica de sabiduría" y se convirtió en las manos y los ojos del gran humanista. Su extraordinaria capacidad intelectual le permitiría no tan sólo transcribir las notas al dictado del maestro, sino que completaría los comentarios, redactaría nuevos contenidos y promovería la edición de la obra de Vives. A Margarida Valldaura le debemos la titánica tarea de completar y transmitir el corpus de conocimiento de la figura esencial del humanismo europeo.