Imagen superior, cambio de letreros en una ciudad alemana al finalizar la guerra / Wikimedia

 

¿Acabó la Segunda Guerra Mundial en Europa el 8 de mayo de 1945? Un manual de Historia respondería afirmativamente, pero la verdad es que las secuelas que dejó el conflicto se alargaron durante años y, probablemente, continúan en parte vigentes todavía ahora, a casi setenta y cinco años del fin del conflicto.

El nazismo formó parte de la vida de millones de europeos durante los años treinta y cuarenta del siglo XX: de los que se aprovecharon de el, de los que fueron sus víctimas y sobre todo de aquellos que se dejaron llevar por la corriente. Averiguar qué pasó justo después del fin de la guerra pero sin recurrir a los grandes acontecimientos y los grandes personajes, sino investigando dentro de las historias familiares, a ras de suelo, es el ejercicio que se ha propuesto hacer la escritora Géraldine Schwarz en un libro que saca a la luz la historia íntima de su familia pero, al mismo tiempo, la de millones de europeos que vivieron las mismas circunstancias, que convivieron con el nazismo a menudo sin saber exactamente qué papel adoptar.

Géraldine Schwarz / Flammarion

Con el título Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets Editores, 2019), la autora demuestra cómo se puede hacer un tratado de historia a partir de explicar aquello que vivió la generación de los abuelos y como repercutió en la generación de los padres.

Una autora predestinada

Y es que Schwarz parecía predestinada a escribir este libro. Nacida en 1974 -es decir, de la generación de los nietos de los que vivieron la Segunda Guerra Mundial o, en nuestro caso, la Guerra Civil española- e hija de madre francesa y padre alemán, periodista y realizadora, ha encontrado en el poso familiar suficiente material para construir una historia a medio camino entre las memorias, la crónica, el reportaje y el ensayo histórico en que partiendo de los recuerdos familiares puede explicar una visión al mismo tiempo particular y general de la Europa que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial.

El banquillo de los acusados en el juicio de Nuremberg / Wikimèdia

La familia paterna de Schwarz estuvo encabezada por el abuelo Karl, un empresario que se hizo pasar por mitläufer, es decir, los que se dejaron llevar por la corriente del nazismo, supuestamente sin simpatizar pero tampoco sin ponerse en contra. Hurgando en los recuerdos sin embargo, la autora explica cómo su abuelo compró a precio de saldo una empresa de productos petroleros a sus legítimos dueños judíos, los Löbmann, y como consiguió, gracias a su carné del partido nazi, librarse de ir al frente, maniobrando para que quien vistiera el uniforme fuera su socio en la empresa. Con respecto a la familia materna, el abuelo también tuvo su papel en el lado oscuro como gendarme al servicio del régimen colaboracionista de Vichy.

Desnazificación desigual

A partir de estos antecedentes, Schwarz explica en paralelo las historias familiares y los acontecimientos que tuvieron lugar durante y después del conflicto bélico y en particular como los procesos de desnazificación fueron desiguales. Más allá de los vistosos cambios de rotulación o los juicios de Nuremberg, la población civil tuvo que afrontar una depuración que fue muy diferente según las zonas de ocupación. Así, la autora repasa como norteamericanos, británicos, franceses y soviéticos abordaron la eliminación de los restos del nazismo de diferentes maneras -y también como se llevó a cabo el mismo proceso en otros países, como Francia, Italia y Austria, cada uno creando sus propios mitos.

La lección que se extrae es que el trabajo quedó a medias en la mayoría de casos, que a menudo se blanquearon las acciones de muchos colectivos -el papel de la Wehrmacht, por ejemplo- y que la depuración del nazismo empezó con mucha fuerza pero que muy pronto se empezó a frenar. Más allá de las ejecuciones notorias, la segunda fila del nazismo se pudo reincorporar a la sociedad con relativa facilidad como lo demuestra el hecho que de los 3.400 criminales de guerra en la prisión en 1951, "no quedaban más de treinta en el extranjero y casi ninguno en Alemana Occidental en mayo de 1958".

Recurriendo igualmente a muestras de cultura popular como películas o libros, la autora también recoge de qué manera se desarrolló el conocimiento de la magnitud de la solución final contra los judíos. De hecho menciona como la serie de televisión Holocaust, de 1978, tuvo un sonado impacto en la divulgación del genocidio. De hecho, la emisión en el Estado español de Holocausto en 1979 tuvo una gran repercusión entre la sociedad del momento.

Sociedades autoengañadas

El libro es pues un repaso a los autoengaños de las sociedades europeas que optaron por construir mitos de oposición al nazismo -el de la résistance francesa es el más obvio-, pero también es una recopilación de la necesidad de supervivencia de unas sociedades que han tenido que encarar como superar el peor aprieto vivido en siglos.

Sospechosos de nazismo llenan cuestionarios de desnazificación ante soldados aliados / Wikimedia

Y todo ello desde una narrativa clara, pedagógica y absorbente que muestra, al mismo tiempo, cómo estirar del hilo de una historia familiar puede llevar a grandes reflexiones de carácter más general y como Europa sigue siendo un proyecto en construcción que se debe hacer principalmente a ras de suelo.