Junts contra Esquerra, Laporta contra Font, norte contra sur. El descenso del Espanyol a Segunda nos ha dejado huérfanos de rivalidades sanas y nos ha obligado a buscar contraposiciones bajo las piedras. La última, cortesía de TV3, llegó este domingo: ¿qué monumento es mejor, Tarraco o Empúries?

Lo cierto, sin embargo, es que Batalla Monumental —la nueva producción de la CCMA—l falló en un cometido tan accesible como la de enfrentarnos, algo que, si nos regimos por criterios puramente históricos, es increíblemente fácil de conseguir. Y el motivo del naufragio —intelectivo, no con respecto al share—l es bien sencillo: el debate que el programa planteaba es, simplemente, inexistente.

A diferencia de las artes, que en nuestra casa siempre han generado disputas —carnerianos, hijos de puta, ribianos, encantados—, la arqueología es una ciencia poco amiga de las guerras. Al menos fuera de los círculos estrictamente profesionales. Nos lo querían hacer creer pero no lo han conseguido: la gente no va por la calle defendiendo los ladrillos de su pueblo.

Buena prueba del hecho de que el debate era sintético es que los encargados de defender sus yacimientos —arqueólogos, enólogos o catedráticos de cada lugar— pasaron olímpicamente de criticar al rival. "Bastante cascado está nuestro sector cómo para ir tirándonos piedras entre nosotros", debieron pensar. Y eso que piedras no les faltan.

Pero ei, punto para los arqueólogos. En lugar de criticar a sus vecinos, casi todos se limitaron a asentir cuando los conductores del programa esperaban una fanfarronada. La producción tendría que haber calibrado que los profesionales no presumirían de sus acueductos. Entre otras cosas, porque los acueductos no son suyos. Y porque son arqueólogos, no quillos estrenando un Golf GTI.

En cualquier caso, la cuestión es que el debate que planteaban es estéril. Pongamos por caso que a tu madre te abandona en una Zodiac y vas a parar justo en medio de la Badía de Roses. Pongamos por caso que te tienes que alimentar a base de anchoas de l'Escala durante toda tu infancia. Ponemos por caso, ahora, que la única cosa que ves desde tu embarcación son las ruinas de la costa ampurdanesa. Pues incluso así, si tuvieras dos dedos de frente, tendrías que reconocer que Tarraco es más importante que Ampurias. De hecho, el argumento de los emporionliebers es que sólo se ha desenterrado un 25% del yacimiento. O en otras palabras: que el 75% restante es, a efectos prácticos y hasta que no se demuestre el contrario, inexistente.

¿Y sin debate real, qué queda? Pues Fermí Fernández disfrazado de Julio César —si Julio César se fuera de despedida de soltero—, datos históricos para niños de 6.º de primaria, un debate surrealista sobre el futuro de la moneda más propio de Valor Afegit y, por encima de todo, la banda sonora de Indiana Jones —porque sí, porque alguna calavera debe haber por allí tirada— cuando la cámara enfoca un yacimiento greco-romano.

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