Toluges (condado independiente del Rosselló, en la órbita política de la Casa de Barcelona), 16 de mayo de 1027. Muy pronto se cumplirán mil años. En un prado abierto a las afueras del pueblo, Oliba —abad de Santa Maria de Ripoll, abad de Sant Martí de Cuixà y obispo de Vic— reunía a una representación de magnates, de clérigos y del pueblo llano con el propósito de pactar y legislar un corpus de leyes que debía acabar con el convulso y violento escenario provocado por la mal llamada revolución feudal en aquel rincón del mundo. La de Toluges (1027) no sería la asamblea pionera. Con anterioridad, el pueblo llano ya se había reunido varias veces. Pero sí que sería la primera que reuniría y comprometería a todos los estamentos representativos de aquella sociedad. Y, por lo tanto, sería el precedente más remoto del modelo parlamentario moderno y contemporáneo.

¿Por qué el mundo de la época estaba dominado por un escenario convulso y violento?
La Europa del año 1000 vivía inmersa en un escenario caótico provocado por el tránsito del viejo régimen señorial de raíz romana hacia el nuevo régimen feudal de fábrica netamente medieval. Esta crisis —la que marcaba el fin de un régimen y el inicio de otro— se había iniciado un siglo y medio antes (843), con el troceamiento del Imperio Carolingio a manos de los tres nietos de Carlomagno (eso de "el abuelo crea el patrimonio, el padre lo mantiene y los hijos lo dilapidan") y había provocado una erosión progresiva del poder y de la autoridad central (la potestas y la autoritas), que equivale a decir, en términos contemporáneos, del poder del Estado. Con "el Estado" en proceso de descomposición, se había desatado la práctica de la apropiación del "bien público"; es decir, del patrimonio real o "del Estado" en manos de los funcionarios delegados en el territorio (duques, marqueses, condes y vizcondes).
El "rompecabezas" feudal
En este contexto de descomposición, los barones territoriales (duques, marqueses, condes y vizcondes) se habían apropiado de la defensa (los castillos y las huestes militares), de la fiscalidad (los impuestos y las servidumbres) y de la justicia (suplantación de los jueces reales). Y esto explicaría, por ejemplo, la aparición de estructuras "de Estado" en territorios periféricos, que actuaban de forma independiente. Y explicaría, también, que el poder central —los reyes— reaccionara adaptando las instituciones existentes a una nueva realidad. Por ejemplo, el juramento de fidelidad, que ya existía, se transformó en el pacto readaptado entre la corona y los barones territoriales. El rey aceptaba que había perdido el patrimonio que le había sido usurpado y, a cambio, los barones le reconocían un prestigio y un ascendente y lo convertían en el gran coordinador del reino.

La usurpación de la pequeña propiedad campesina
Pero lo peor de esta mal llamada "revolución feudal" se produciría a la conclusión de este proceso de usurpaciones. Y es lo que explica la aparición de las Asambleas de Paz y Tregua. Poco después del año 1000 —y tras un siglo largo de feudalización del poder—, los magnates surgidos de aquel proceso se lanzarían a la usurpación de la pequeña propiedad campesina. Este fenómeno fue general en toda la Europa de tradición carolingia, pero en las regiones periféricas del antiguo Imperio de Carlomagno (como, por ejemplo, en la mitad sur de la antigua marca carolingia de Gotia), fue especialmente intenso. Esta maniobra de usurpación consistía en "fabricar" conflictos locales entre barones territoriales, crear un escenario generalizado de guerra y terror, e impulsar a los pequeños campesinos a ceder su propiedad a cambio de una pretendida seguridad y protección.
La resistencia campesina
Este proceso, llamado "crisis alodial", también creó un clima de extrema violencia. Inicialmente (primer tercio del siglo XI), los pequeños campesinos defendieron sus propiedades con fuerza, y esto convertiría el campo catalán en un charco de sangre. Los condes de Barcelona —que, directa o indirectamente, dominaban todo el territorio de la mitad sur de la antigua Marca de Gotia (de las Corberes a El Garraf)— habían asumido las funciones propias de un rey desde la independencia del año 987, pero afectados por la inercia usurpadora baronial, también habían visto mermado su poder y su autoridad y, en aquel contexto, se mostraban incapaces de detener la violencia contra los pequeños propietarios campesinos. Ni Berenguer Ramón I, ni su viuda Ermessenda de Carcasona, ni el hijo y heredero Ramón Berenguer I pudieron hacer nada.

La intelectualidad versus la barbarie
En medio de aquel paisaje ensangrentado, aparece la figura del abad Oliba, la figura política, religiosa e intelectual más destacada de aquellos condados primigenios. Radicalmente opuesta a la clase baronial catalana, muy probablemente la más inculta, avariciosa y sanguinaria del continente. Oliba, obispo de Vic y abad de los poderosos monasterios y "fábricas" de cultura de Ripoll y de Cuixà, haría uso de su prestigio para impulsar una gran reunión en la que estarían presentes los representantes de todos los estamentos en conflicto. Aquella asamblea iniciática pasaría a la historia por varias razones, pero una —a menudo olvidada— es que la sociedad catalana de la época todavía conservaba la tradición germánica de raíz matriarcal de las épocas visigótica (siglos V a VIII) y franca (siglos VIII a X), y las mujeres se manejaron en ella en pie de igualdad con los hombres.

¿Qué se pactó en aquella asamblea iniciática?
Oliba pretendía sentar las bases de futuras asambleas que acabarían compilando un corpus jurídico de equilibrio y paz. Por este motivo, los pactos alcanzados en aquella asamblea iniciática no eran especialmente relevantes, pero sí apuntaban, decididamente, hacia la consolidación de un escenario permanente de paz. Por ejemplo, los barones feudales aceptaron no atacar a nadie entre el mediodía del sábado y la madrugada del lunes. Aceptaron no arrestar a nadie que se hubiera refugiado en el interior de un templo o dentro de su perímetro sagrado (el sagrario). Y aceptaron que no atacarían a los campesinos que transitaban por los caminos cuando se dirigían a oficio religioso. En posteriores asambleas de los años 1030 y 1033 —celebradas en Vic—, estas treguas se ampliaron a los días de mercado y a los espacios de las casas y tierras de los campesinos.
La gran aportación catalana al modelo político parlamentario y a la civilización europea
La asamblea de Toluges, hace mil años, sentó las bases del sistema pactista catalán, que, posteriormente, se escenificaría en las Corts (1283) y en la Generalitat (1359). Las Corts serían la representación de los tres estamentos del poder en Catalunya: el brazo nobiliario —militar y terrateniente—, el brazo eclesiástico y el brazo real —los mercaderes y los oficios de las villas y ciudades de titularidad real—. Y recordemos que los Usatges de Barcelona y, posteriormente, las Constituciones de Catalunya (los textos legales que serían el fundamento de la vida pública catalana), eran fruto de los acuerdos alcanzados en las Corts. Y recordemos que la Generalitat sería creada como un organismo permanente de representación entre corte y corte. La Asamblea de Toluges celebrada hace mil años es la gran aportación catalana al modelo político parlamentario y a la civilización europea.
