El arzobispo Terès, Catalunya y el catalán. Cuando la Iglesia de Catalunya era catalana

Tarragona, 19 de octubre de 1591. Hace 435 años. Monseñor Joan Terès i Borrull, arzobispo de Tarragona —y, por lo tanto, máxima autoridad eclesiástica de Catalunya— abría la primera sesión del 132.º Concilio de la Provincia Eclesiástica Tarraconense (diócesis de Tarragona, Barcelona, Tortosa, Lleida, Urgell, Solsona, Vic, Girona y Elna). En aquel concilio, el arzobispo y los obispos catalanes debaterían cuestiones diversas de tipo pastoral que afectaban a la feligresía de sus diócesis. Como, por ejemplo, la amenaza protestante que se cernía desde Francia. O la proyección de dicha amenaza a través del espectacular flujo migratorio occitano hacia Catalunya, que se estaba produciendo desde el meridiano del siglo, coincidiendo con el estallido de las mal llamadas Guerras de Religión francesas (1562-1598).

Mapa de Catalunya (1608). Font Institut Cartografic de Catalunya
Mapa de Catalunya (1608) / Fuente: Institut Cartogràfic de Catalunya

La lengua, nervio de la identidad de Catalunya

Pero el debate principal de aquel concilio giraría en torno a la lengua. El uso del catalán en el ámbito eclesiástico se había convertido en un grave problema. La cancillería hispánica de Felipe II había intensificado la maniobra de sustitución del clero catalán y de la lengua catalana en el ámbito eclesiástico, iniciada un siglo antes con la inoculación de la Inquisición hispánica (1487), con la introducción de abades castellanos en Montserrat (1493) y con la prohibición del catalán en el Tribunal del Santo Oficio (1561). Medidas que tenían el clarísimo propósito de castellanizar la sociedad catalana. Hace cinco siglos, el poder hispánico ya era consciente de que el nervio de la identidad de Catalunya era su lengua. Y que la dominación de Catalunya solo la lograrían con la destrucción de su identidad; es decir, de su lengua.

¿Por qué era tan importante la lengua de la liturgia?

Desde la clausura del Concilio Contrarreformista de Trento (1563), las jerarquías eclesiásticas habían dictado la obligación de que la misa y los principales sacramentos de la liturgia católica se oficiaran en latín. Pero el sermón —el discurso que pronunciaba el párroco para exponer la doctrina y enseñar los valores de la fe— se seguiría divulgando en la lengua de cada territorio. Principalmente, porque el latín era una lengua totalmente desconocida para la casi totalidad de la sociedad del mundo católico de la época. Y este sermón no solo tenía que ser inteligible, sino que tenía que contener una carga doctrinaria. Desde la Admonitio Generalis promulgada por el emperador Carlomagno (789), el sermón parroquial era "el instrumento" de difusión de la ideología del poder hacia la sociedad.

Retrato de Joan Terés. Fuente Diócesis de Solsona
Retrato de Joan Terès / Fuente: Diócesis de Solsona

¿Qué pretendía la cancillería hispánica de Felipe II?

El objetivo de la cancillería de Felipe II —el núcleo del poder central de la monarquía hispánica— estaba clarísimo: completar la estrategia iniciada un siglo antes (1479) por los Reyes Católicos. Porque, si bien es cierto que la unión dinástica peninsular había creado un edificio político de arquitectura confederal (donde Catalunya tenía una relación bilateral propia y singular con el poder central hispánico), también lo era que, desde el inicio de la existencia de la monarquía hispánica (1479), se habían implementado políticas y creado instituciones que tenían el objetivo de transformar el rompecabezas hispánico en un Estado centralizado y uniformizado. La destrucción de la identidad catalana —a través de la inoculación de la Inquisición, por ejemplo, que sería la primera institución centralizada, pero de ámbito supranacional— formaba parte de dicha estrategia.

¿Podía la lengua eclesiástica alterar el paisaje lingüístico de una sociedad?

La respuesta a la pregunta es que sí. La lengua de los sermones —por ser la lengua de las personas letradas y de una de las instituciones del poder tenía prestigio y ascendente entre las sociedades de la época moderna (siglos XVI-XVIII). De hecho, para citar dos ejemplos cercanos, diremos que la Iglesia aragonesa tuvo un papel decisivo en la desaparición del aragonés en buena parte del país, sustituido por el castellano en el valle del Ebro y en el Bajo Aragón durante estos siglos "modernos". Y el mismo papel jugarían —durante la misma época— la Iglesia navarra, impulsando la sustitución del euskera por el castellano en buena parte de Navarra y de Álava. Y la Iglesia murciana, suplantando el catalán por el castellano en el valle del Vinalopó (al sur del País Valencià), valiéndose de una sustitución demográfica.

Retrat de Felip II. Font Museu del Prado
Retrato de Felipe II / Fuente: Museo del Prado

Hablando del País Valencià…

El arzobispo Terès era un gran conocedor de la realidad del País Valencià. Había estudiado allí y había sido profesor en la Universitat de València (1566-1572). Y había conocido el resultado de la devastadora derrota de la revolución de la Germania (1520-1521), que había ambicionado convertir el País Valencià en una república mercantil. La nobleza valenciana, agradecida al poder central hispánico por su intervención en la derrota de la revolución agermanada, se había pasado, en bloque, al uso y el cultivo del castellano, la lengua del poder central hispánico. La gran fábrica de cultura que había sido el País Valencià durante el fabuloso siglo de oro valenciano (s. XV) languidecía bajo el imperio de la derrota y del autoodio. Y la Iglesia valenciana, dirigida por arzobispos castellanos, era "el instrumento" del poder para castellanizar a las clases populares.

¿Qué pasó en aquel concilio de la Tarraconense? ¿Qué medidas promovió el arzobispo Terès?

A la conclusión del concilio, Alexandre Cendra, canónigo de la catedral de Tarragona, leería los nuevos capítulos de la constitución conciliar —redactada por el arzobispo Terès, Pere Jaume, obispo de Vic, y Pere Aguiló, prior de Escaladei—, que mandaban que en Catalunya todos los rectores parroquiales debían pronunciar el sermón en la lengua del país. En catalán. De este modo, la Iglesia catalana de 1591 se situaba claramente al lado del pueblo de Catalunya y de su identidad, la lengua. Han transcurrido cuatro siglos y medio y la estrategia del poder español no ha variado. Siguen pensando que la dominación de Catalunya pasa por la destrucción de su identidad: la lengua. Pero, en cambio, una parte de la Iglesia de Catalunya —la de la capital— ya no es catalana. Se ha convertido en "un instrumento" del poder español.

Retrat de l'inquisidor Valdés, el primer a dictar una ordre de prohibició contra el català. Font Fundació Valdés Salas
Retrato del inquisidor Valdés, el primero en dictar una orden de prohibición contra el catalán / Fuente: Fundació Valdés Salas