Al compás del himno a la alegría de Beethoven se ha abierto una una nueva fase històrica en Europa, la de su refundación. En esos términos se expresaron Angela Merkel y Emmanuel Macron esta semana en Berlín. Eso sí, una Unión Europea "a medio plazo". Porque aún quedan muchas cosas en el aire para la reconstrucción del eje francoalemán, aunque haya empatía entre los líderes. De momento, seguirá siendo el BCE quien asegure la estabilidad en la zona.

El nuevo presidente francés fue a Berlín con dos objetivos en la cabeza: por una parte, lograr el nombramiento de un ministro de Finanzas para gestionar un presupuesto común, y por otra, la puesta en marcha de un ambicioso plan de inversiones, independiente del desarrollado por Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión.

En Alemania, el influyente semanario Der Spiegel resumió el sentimiento de buena parte de la clase dirigente local: "Este amigo nos va a salir caro".

En pocas palabras, que si Francia quiere un ministerio de Economía europeo, Alemania quiere un ministerio de Hacienda

Es cierto que Europa ha estado durante bastante tiempo parada institucionalmente, a excepción de la fuga del Brexit, pero el combustible que la va a mover no van a ser los eurobonos como insistía una y otra vez el exministro de Exteriores José Manuel García-Margallo entre tantos otros.

Los eurobonos representan mancomunar o juntar las antiguas deudas de los países miembros, de modo que las paguen fundamentalmente los que más tienen, o sea los alemanes. Y eso Macron que, harto de Hollande, ya quería marcharse en 2014 a una universidad alemana, ya sabía cómo puede ser recibido y lo ha dejado estar. Hay que buscar otros caminos para resolver la cuestión de las deudas.

El banco central alemán, el Bundesbank, goza de un prestigio diferente al resto. Su presidente, Jens Weidmann, ha afirmado en ocasiones que la creación en Europa de una unión fiscal sería "el paso más importante en el proceso de integración desde el euro", aunque ha reconocido que ve "obstáculos enormes" y falta de voluntad entre los socios para llevarla a cabo. Una decisión de ese tipo, advirtió, requeriría que los Estados transfirieran "parte del poder de decisión y de responsabilidad sobre sus cuentas a nivel europeo", lo que requeriría "una nueva autoridad de vigilancia más rigurosa" que Bruselas sobre el incumplimiento en materia de déficits y deuda. En pocas palabras, que si Francia quiere un ministerio de Economía europeo, Alemania quiere un ministerio de Hacienda.

Se puede diseñar un marco de políticas que encarne una idea más descentralizada, con más poder para supervisar la conducta presupuestaria y la sostenibilidad fiscal general

Lo mejor de estos tiempos en que pasan tantas cosas es que se pueden ver similitudes entre acontecimientos aparentemente muy distantes.

El papa Francisco estuvo la pasada semana en Fátima y rezó a la Virgen para que ponga la paz del mundo bajo su protección. Pero tras su primera intervención, el Papa quiso corregir ciertos excesos conocidos de la devoción mariana. "Si nosotros queremos ser cristianos, debemos ser marianos", afirmó. "¿Pero de qué María se trata?", agregó. "¿La que siguió la vía estrecha de la Cruz, dándonos ejemplo, o por el contrario una imagen piadosa a la que se recurre para recibir favores a bajo coste?" Por supuesto, entre la Virgen y Alemania hay un largo, larguísimo trecho, pero algo tienen en común.

Por eso, se ha hablado del cambio de los tratados. ¿Incluido Maastricht? Jean Pisani-Ferry, el primer consejero económico de Macron, ha señalado que "el objetivo debería ser que la Eurozona funcione, lo cual tal vez implique dar más poderes al centro en algunos temas y menos en otros. Por ejemplo, no es necesario reducir la responsabilidad fiscal a la vigilancia de un régimen común. Se puede diseñar un marco de políticas que encarne una idea más descentralizada, con más poder para supervisar la conducta presupuestaria y la sostenibilidad fiscal general". Puede ser, pero de momento la deuda pública francesa se eleva a 2,16 billones de euros (el 97% del PIB francés frente al 71% en el caso alemán) y ha tenido que ser apoyada por las compras del BCE, frente a las ventas masivas de los inversores asiáticos.

Y ahí no acaban las cosas, porque Pisani-Ferry insiste en que "los gobiernos sean individualmente responsables de sus errores, es decir, hacer posible una reestructuración parcial de deudas dentro de la Eurozona". Una posible bomba para el euro como él mismo reconoce: "Esta estrategia plantearía importantes dificultades, aunque solo sea porque la transición a ese régimen estaría llena de peligros; pero opciones como ésta deberían incluirse en el debate".

Pisani-Ferry insiste en que "los gobiernos sean individualmente responsables de sus errores, es decir, hacer posible una reestructuración parcial de deudas dentro de la Eurozona"

Ahora volvamos a la unión monetaria, que no está completa y es otra dificultad a superar para una mayor integración. La creación de un fondo de garantía de depósitos común para el caso de que un banco entre en un fallido impide unificar este mercado. ¿Qué dice Weidmann? "La reducción de los riesgos relacionados con la deuda pública y soberana, que acumulan los bancos en los distintos Estados, es una condición importante para la introducción de un fondo común europeo de garantía de depósitos". Se llega siempre a lo mismo.

En cuanto a las inversiones, Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, ha dicho que "si hay posibilidades de fortalecerlas, por nuestra parte no hay problemas".  A cambio, Berlín pediría más apertura ante los programas de asilo para los refugiados, cuestión que es muy sensible en Francia y aún más en Hungría y Polonia. 

No hay líneas rojas, pero tampoco líneas verdes de entrada. "Es de las simbiosis de las que nace el compromiso", ha dicho la canciller. Y, en ese sentido, hay que tomar la declaración de "a medio plazo" con una cierta holgura.  

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