Los restos de un muro lleno de grafitis y rodeado de vegetación, pero todavía con una cierta aura de un tiempo más esplendoroso, son los únicos vestigios visibles —ya que está prohibido entrar en el interior— de un complejo que vivió tiempos mucho mejores. Se trata de lo que queda del Gran Casino de la Rabassada, un lujoso espacio de juego y también parque de atracciones que supuso un punto de encuentro de la burguesía catalana a principios del siglo XX, ligado al desarrollo industrial y mercantil de Barcelona, si bien en el término municipal de Sant Cugat del Vallès —situado, con toda lógica, en la carretera de la Rabassada, que atraviesa Collserola— que tuvo una vida tan corta como intensa. Como casino, de hecho, solo funcionó durante un breve periodo de poco más de un año, mientras que como parque de atracciones se fue languideciendo hasta el cierre y posterior demolición de la mayoría de edificios y estructuras que formaban parte de él.
Este gran complejo, olvidado durante décadas, volvió a la actualidad la primavera pasada, cuando trascendió la intención de la actual propiedad de ponerlo a la venta, un hecho que abrió un debate sobre los futuros usos posibles de una finca de 10 hectáreas situada dentro del Parque Natural de Collserola, circunstancia que limita sus usos y que incluso podría abrir la puerta a una adquisición pública. En todo caso, la historia de aquel complejo recreativo es una crónica de su ascenso y su caída, desde el espacio donde las clases pudientes presumían de poder económico hasta los restos decadentes del conjunto arquitectónico que todavía ahora se puede ver fugazmente desde la carretera de la Rabassada.

En este contexto llega al mercado el libro El Gran Casino de la Rabassada. Història d'un somni burgès (Viena Edicions, 2026), una edición revisada y actualizada del mismo libro publicado en 2011 de la mano de Pere Fàbregas i Margarit y Carlota Gómez i Compte, que ofrece una retrospectiva histórica de aquel complejo de juego y ocio y explica las razones para situarlo en medio de Collserola y las causas de su vida corta y larga decadencia. Los autores, ambos especializados en la historia local, apuntan en la introducción la voluntad de que su obra ayude "a entender un fenómeno como el surgimiento de un complejo de ocio burgués en medio de la sierra de Collserola y su desaparición entre el bosque y la vegetación", apuntando, eso sí, que en este relato, "todavía quedan multitud de interrogantes, que pueden ser representados por la enigmática sonrisa de las tres damas que emergen entre las ruinas del Gran Casino de la Rabassada".
Una historia corta pero intensa
La historia del Gran Casino de la Rabassada empieza el 15 de julio de 1911, aunque no se trata de un complejo nuevo, sino de la ampliación de los preexistentes Hotel-Restaurante y Círculo de Extranjeros y su habilitación como local de juego. Sin embargo, aquel lugar donde "se jugaban y se perdían cantidades importantes de dinero" solo duró un año, ya que fue clausurado en 1912. Eso sí, el resto de servicios, como restaurante, teatro y el parque de atracciones, continuó ofreciendo servicios hasta mediados de la década de los treinta, pero con un declive cada vez más evidente. Durante la Guerra Civil, el espacio fue saqueado y, acabado el conflicto bélico, la misma propiedad optó por derribar los edificios y vender los materiales todavía aprovechables para la construcción.



Esta vida corta vino marcada, por un lado, por la misma ubicación del complejo, en un espacio natural muy apreciado, pero alejado de la ciudad, aunque conectado por el tranvía, y por otro, del hecho de que el Casino mismo fue víctima de las corrientes contrarias al juego, una normativa inicialmente poco clara en la materia que acabó con la prohibición efectiva de los juegos de azar en 1912 y también de una mala gestión empresarial, donde la inversión original no fue cubierta por las expectativas de ingresos, a pesar de que el principal promotor del casino, Josep Sabadell i Giol recurrió a todos sus contactos e influencias para salvarlo y nunca perdió la esperanza de reabrirlo, razón por la cual se mantuvieron durante años el resto de servicios.
¿"Una salita discreta" para los suicidios?
El Gran Casino de la Rabassada. Història d'un somni burgès describe con detalle la historia de todo el complejo y presta atención a algunas anécdotas que rodeaban este espacio dedicado a los juegos de azar. La más conocida, porque entra en el capítulo de las leyendas urbanas, es la supuesta sala para facilitar el suicidio a aquellas personas que habían perdido más dinero de la cuenta, ya que la ruleta hizo perder auténticas fortunas familiares. Los autores lo narran así: "Y aunque el suicidio de algunos de aquellos perdedores burgueses no esté comprobado documentalmente (solo hay testimonios orales), según la leyenda que corría, el Casino disponía de una salita discreta para que quienes habían perdido dinero y honor se pudieran suicidar discretamente". "No hay ninguna evidencia constatable de este hecho, aunque se ha ido repitiendo constantemente", añaden Fàbregas y Giménez.


Leyendas urbanas aparte, el hecho es que el Gran Casino tuvo, como sala de juegos una vida muy corta seguida de una larga agonía que lo ha llevado a la situación actual, donde ya solo el muro de la carretera recuerda que allí, una vez, hubo un centro de lujo que representaba el poder de las clases acomodadas barcelonesas. Y entre los interrogantes que plantea su historia, el más interesante no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro. "Creemos que sería deseable que este lugar no perdiera la memoria de aquello que fue, y que se encontrara un uso que fuera respetuoso con su pasado". Estas son las palabras de los autores que cierran esta edición revisada del libro. Ojalá se hagan realidad.
Imagen principal: Grupo de hombres en la sala de juego del Gran Casino de la Rabassada, hacia 1910 / Foto: Col. Roisin / IEFC - Viena Ediciones