En materia romántica, o si quieren ir más allá, erótico-festiva, todos tenemos algún muerto en el armario. Que traducido vendría a ser que todos tenemos alguna situación vergonzosa, de tierra, trágame. Algún pensamiento que cuando lo tuvimos nos pareció buena idea, y después, cuando se materializa, no lo es tanto... ¿Saben aquella broma que circula en redes sobre Lo que pedí... Lo que me trajeron? Pues eso. Quien más quien menos tiene en su currículum alguna situación vivida que acabó como el rosario de la Aurora, aunque de buen comienzo, la cosa pareciera que acabaría de manera perfecta. Y ahora, quien ha confesado una es un actor muy querido en nuestra casa, que solo verlo y oírlo hablar, nos hace partir de risa: el gran David Fernández.
Por siempre más, 'Rodolfo Chikilicuatre', el hombre que hizo colapsar a los espectadores de Eurovisión con su canción y su baile surrealista. En Europa todavía se frotan los ojos después de ver a aquel hombre con peluca de Elvis y guitarra de juguete, perreando y haciendo aquello de "Uno: el brikindans. Dos: el crusaíto. Tres: el maiquelyason. Cuatro: el robocop"...
Un momento inolvidable del cual ha hablado en el muy recomendable A las bravas de la Cadena SER con otro genio, Raúl Pérez:
Una conversación con David es siempre una conversación hilarante. El actor catalán, que nos ha regalado tantos personajes inolvidables en la televisión, especialmente en los programas de Buenafuente, o haciendo de él mismo, es un tipo que solo por cómo explica las cosas, te despierta una sonrisa de oreja a oreja. Pero si además, explica momentos de su vida, la combinación es imparable. Imaginen una cita romántica de David con una chica que le gustaba... y se convirtió en "el peor momento de mi vida". ¿Dónde? En una casita donde él vivía en el Bruc, en Montserrat, "perdido en la montaña, en una urbanización... Una chavala que me gustaba venía por primera noche a mi casa".
Una casa pequeñita, de 50 metros cuadrados, pero con un pequeño terreno fuera, con rosas. ¿Y qué hizo él? Hacer un caminito de rosas hasta la habitación, y llenar la cama de pétalos... "Con esto triunfo que te cagas", pensó... Le puso una venda en los ojos y la llevó a la habitación. Enciende la luz y... "como había cogido los pétalos al atardecer, habían soltado agua y la cama estaba llena de agua, y estaba todo lleno de pulgones saltando". Pospusieron aquello, y decidieron cenar. Pero después, la pregunta: "¿Y ahora dónde dormimos?". No quedó más remedio que en sendos sacos de dormir, en el suelo, "porque la otra habitación, la de invitados, todavía no la había arreglado y no tenía cama". No acaba aquí la cosa: "Yo tenía tres perros, un chow chow, un samoyedo y un cocker, y como hacía mucho frío, se metieron conmigo, se metían encima"... Como bien dice él, riéndose de sí mismo: "¿Te quieres creer que la chavala nunca más volvió a llamarme?":
Quizás si le hubiera hecho el chiki chiki habría podido compensar todo el resto de la desastrosa cita... David Fernández, maravilloso.
