El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur ha empezado a aplicarse de forma provisional este 1 de mayo, después de más de veinticinco años de negociación. De momento entra en vigor la parte económica: aranceles, cuotas, acceso a mercados y reducción gradual de barreras. Europa activa una relación comercial mucho más intensa con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Un espacio de más de 700 millones de consumidores.

La reacción del campo ha sido previsible. Agricultores y ganaderos temen una presión adicional sobre precios, márgenes y competencia. También hay recelos entre organizaciones de consumidores por la posible entrada de productos con exigencias inferiores a las europeas.

Las cifras siempre arrojan luz. Veamos. Las empresas europeas exportan a Mercosur bienes por valor de unos 55.000 millones de euros y servicios por cerca de 29.000 millones. En algunos productos industriales, los aranceles eran muy altos: automóviles (hasta del 35%), maquinaria (hasta del 20%), productos farmacéuticos (hasta del 14%).

Se calcula un ahorro de 4.000 millones de euros anuales que puede convertirse en más margen. Pas mal.

Las empresas europeas exportan a Mercosur bienes por valor de unos 55.000 millones y servicios por cerca de 29.000 millones

España puede salir especialmente beneficiada. Aceite de oliva, vino, espumosos, azafrán, porcino, maquinaria, automoción, química y farmacia son sectores que van a ver reducidos los impuestos a la exportación.

El punto delicado está en la ganadería. Vacuno y aves de corral concentran buena parte de las quejas y ruido en medios. Pero Europa ha negociado bien. La cuota de vacuno con arancel reducido se limita al 1,5% de la producción europea. En aves de corral, en el 1,3% del total continental. Es decir, hemos limitado a menos de un 2% la cuota de mercado que Sudamérica podrá tener en Europa libre de aranceles. En cuanto sus ventas pasen de ese umbral, estarán sujetas a aranceles de nuevo.

Respecto al temor de la calidad de las carnes que vengan a Europa, el acuerdo exige que los importadores deben hacer cumplir los estándares y normas sanitarias exigidas aquí.

David Ricardo explicó hace más de dos siglos la lógica de la ventaja comparativa. Cada país gana cuando se especializa en aquello que produce relativamente mejor e intercambia con otros. Incluso cuando una economía parece más eficiente en varios sectores, el comercio puede elevar la producción total si cada parte concentra recursos donde tiene más ventaja relativa. La teoría sigue siendo válida. La ausencia de aranceles genera crecimiento.

Hay evidencia histórica de tal teoría económica. La globalización amplió mercados, redujo costes, extendió cadenas de valor y sacó a cientos de millones de personas de la pobreza. Es verdad que creó perdedores. Hubo industrias desplazadas, regiones perjudicadas y empleos que desaparecieron. No lo niego. Los efectos de la liberalización del comercio internacional se reparten de forma desigual. Pero para eso está la política económica: para acompañar las transiciones, compensar a quienes pierden y facilitar que las empresas se adapten.

Renunciar a oportunidades industriales, agroalimentarias y tecnológicas por cuotas ganaderas limitadas sería un error

En el caso ganadero, Europa dispone de instrumentos, como ayudas temporales y programas de reconversión. La agricultura y la ganadería europeas operan desde hace décadas bajo un marco profundamente sostenido por la administración. La PAC está precisamente para proteger rentas y facilitar cambios.

También por eso el acuerdo se va a aplicar de manera gradual. Las empresas tendrán tiempo para repensar su estrategia internacional. Mercosur obliga a sentarse, parar y decidir. Amenazas y oportunidades se acercan. Los empresarios y directivos debemos mover ficha rápidamente.

Proteger a los sectores vulnerables es razonable, pero renunciar a oportunidades industriales, agroalimentarias y tecnológicas por cuotas ganaderas limitadas sería un error, y más a la vista de cómo Estados Unidos se está desenganchando de la Unión Europea. El acuerdo UE-Mercosur puede ser una buena noticia si se gestiona bien. Esperemos que luego el Parlamento Europeo no deshaga lo que la Comisión Europea acaba de cerrar.

Asumamos que el mundo es global y vamos a por ello. Mercosur es un acuerdo útil