La llegada de la IA a los puestos de trabajo: tres futuros posibles
- Pau Vila
- Barcelona. Miércoles, 4 de marzo de 2026. 05:30
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En medio de la tensión que nos rodea, cada pocos días se abre una válvula y hay una cierta explosión controlada. En geopolítica, hemos vivido la caída del régimen iraní provocada por la muerte de Khamenei. En tecnología, el exdirector general de YouTube hacía un tuit hace unos días con un comentario críptico: “¡Disfrutad de vuestro último año de trabajo!”. De hecho, para quienes siguen su trayectoria y la opinión pública de Silicon Valley no lo es mucho, de críptico: Chad Hurley hacía referencia a los saltos de gigante de la inteligencia artificial este inicio de 2026, en particular en todas aquellas áreas donde tiene potencial de sustituir la acción humana en el ámbito profesional.
Es una pequeña explosión por la trascendencia de la figura que lo afirma públicamente, pero no coge a nadie por sorpresa: en los círculos tecnológicos hace semanas que se vive una mezcla entre la extraordinaria emoción provocada por unos avances que nadie esperaba que fueran de esta magnitud y a esta velocidad, y el temor de que todo ello se descontrole y no seamos capaces de gestionar sus externalidades sociales. De hecho, la firma de investigación de mercados de inversión Citrini Research publicó hace unos días un informe en la misma línea: predice una gran recesión en 2028 derivada de los impactos en el mundo laboral de la inteligencia artificial.
Desde la llegada de la inteligencia artificial generativa hace algo más de tres años, justo ahora se ve el potencial real de sustitución de la tarea humana a corto plazo –hasta ahora habíamos estado ante soluciones de acompañamiento, de mejora de eficiencia y productividad, de apoyo a la tarea humana. La sustitución viene dada por herramientas como Claude Cowork, de Anthropic –la empresa que ha tenido un cara a cara con la administración Trump– o Perplexity Computer, ambas soluciones que ejecutan tareas proactivas que implican diversidad de formatos e interacciones, como abrir un navegador web, hacer una búsqueda, extraer conclusiones, abrir un procesador de textos, escribir el documento y compartirlo en redes.
Cambia todo, pero no sabemos cómo. En el fondo, no hay nada escrito: podemos extraer sinergias y oportunidades o profundizar en sus riesgos y amenazas
El potencial de una sustitución a gran escala de los puestos de trabajo humanos en el año 2026 es un cisne negro. No lo digo yo: lo dice Nassim Taleb, el famoso matemático y ensayista que ha predicho algunas de las grandes crisis financieras de la historia reciente. En realidad, el advenimiento de un cisne negro no implica necesariamente que estemos ante un abismo en el sentido negativo del término: los cisnes negros son situaciones extremadamente improbables, con las que nadie contaba, y que trastocan el imaginario colectivo. La Covid lo fue –incuestionablemente, en aquella ocasión, lo era en el sentido negativo. Pero nadie sabe, todavía, si el despliegue de una sustitución laboral del trabajo humano cualificado es bueno o malo. El prestigioso Financial Times lo ilustraba la semana pasada con una gráfica que se ha hecho viral por su relativa absurdidad, pero que refleja muy bien dónde estamos: en un escenario conservador, estos avances permitirán compensar la coyuntura económica negativa que vivimos por otras razones y mantener la tendencia de crecimiento del PIB de las últimas cuatro décadas, lo que llaman "camino de crecimiento con el apoyo de la IA". En un escenario optimista, se produciría lo que llaman "singularidad tecnológica" en positivo, que nos llevaría al fin de la escasez: se multiplicaría por 10 el PIB per cápita y viviríamos en un mundo de abundancia a todos los niveles. En un escenario pesimista, la singularidad tecnológica tendría un impacto negativo: el fin de la humanidad, la extinción, con una reducción del PIB per cápita superior al 90%. Más allá de la aparente sorpresa porque una cabecera rigurosa como el Financial Times publique una gráfica con un abanico de posibilidades que cubre todo el espectro entre menos infinito y más infinito, lo cierto es que refleja con exactitud el momento actual: no sabemos qué implica que los robots nos hagan el trabajo, desconocemos cómo se gobierna todo ello, no hay precedentes de sociedades donde se reparta entre humanos una riqueza generada por entidades no humanas.
Cambia todo, pero no sabemos cómo. En el fondo, no hay nada escrito: depende de cómo se pilote este momento trascendente podremos extraer las sinergias y oportunidades o profundizar en sus riesgos y amenazas. A nivel global, la coexistencia de muchos frentes abiertos – geopolíticos, tecnológicos, militares, ideológicos – genera una enorme complejidad agregada donde se hace imposible predecir el resultado de todo ello. Pero a nivel regional y personal, el timón lo tenemos nosotros. Los próximos meses, habrá que navegar fuertes olas.