¿La IA nos podría hacer ricos a todos?
- Esteve Almirall
- Barcelona. Jueves, 22 de octubre de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
La IA nos ha hecho más productivos. Escribimos mejor y terminamos en minutos tareas que antes nos ocupaban horas. Muchos ya lo hemos comprobado.
En las empresas pasa lo mismo. Hacemos más cosas, mejor y más deprisa. Las más avanzadas ya disponen de agentes capaces de automatizar muchas tareas que antes se hacían a mano.
La conclusión parece evidente: si hacemos las cosas mejor y con menos coste, los márgenes y los beneficios empresariales deberían aumentar.
¿Son, pues, más ricas las empresas? ¿Podríamos repartir estas ganancias para que también llegaran a los trabajadores y a la sociedad? ¡Veámoslo!
Pongamos el ejemplo de un supermercado que sustituye las cajas tradicionales por cajas de autoservicio. Puede ahorrarse una parte de los costes de personal e incrementar los beneficios, ¿no? ¡Parece lógico! Podríamos, pues, destinar una parte de este ahorro a los trabajadores o al conjunto de la sociedad.
Pero fijémonos en Mercadona: en 2025, su margen neto fue del 4,5%. En Walmart, el más grande de entre los grandes, se sitúa alrededor del 3%. Ambos han incorporado tecnología para reducir costes. Si cada cambio tecnológico hiciera crecer los márgenes, después de tantos años deberían ser enormes. Un 40% o un 60%, como los de Nvidia. Pero no es así. ¿Qué ha pasado con las ganancias?
La clave para obtener una ventaja competitiva, personal o empresarial, es hacer algo difícil de copiar
Es aquí donde nos es preciso distinguir entre paridad competitiva y ventaja competitiva. Si tú usas ChatGPT y todo el mundo usa ChatGPT, si tú pones cajas de autoservicio y todo el mundo las pone, el nivel competitivo sube para todos. La ventaja de haber sido el primero te dura lo que tardan en copiarte. A menudo, muy poco.
¿Adónde van las ganancias? Tus costes bajan, pero también los de la competencia. Una parte del ahorro va a precios más bajos; otra, a mejorar el servicio; otra queda como beneficio. Y una parte puede llegar a los trabajadores, sobre todo si las empresas tienen que competir para encontrarlos y retenerlos.
Estas ganancias, pues, no se acumulan intactas en la caja de la empresa. La competencia las va transformando y distribuyendo. Vivimos en un entorno dinámico, no estático.
La clave para obtener una ventaja competitiva, personal o empresarial, es hacer algo difícil de copiar. En el caso de la IA, esto dependerá del conocimiento propio y de cómo lo apliquemos. Tener acceso a la misma herramienta que los demás no nos distingue.
La alternativa no es repartir, sino competir. Crear sociedades donde la IA sea una herramienta para construir ventajas competitivas sostenibles
Entonces se preguntarán: si automatizar tareas no garantiza que todos nos enriquezcamos, ¿qué podemos hacer? La primera respuesta ya la tenemos: conseguir una ventaja competitiva. Si lo hacemos, podremos decidir entre hacer crecer la organización o repartir las ganancias. Pero, si nos limitamos a repartir mientras los demás invierten y crecen, nos quitarán el mercado y acabaremos desapareciendo. Nada es eterno. Las ventajas de automatizar tareas que todo el mundo puede copiar duran poco.
¿No hay nada que pueda hacer una sociedad para que las ganancias de la IA sean ganancias de todos?
¡Claro que sí! Usar la IA para competir mejor. Conseguir que crezcan nuestras empresas y que aquí nazcan muchas nuevas aprovechando las oportunidades de la IA. Si esto pasa, más gente podrá trabajar y ganar más dinero. Y cuando este dinero se gasta aquí, también llega a quienes no usan la IA. Como los barberos.
La alternativa no es, pues, repartir, sino competir. Crear sociedades emprendedoras que compitan mejor, donde la IA sea una herramienta para construir ventajas competitivas sostenibles.