La IA se va a la guerra
- Esteve Almirall
- Barcelona. Jueves, 19 de marzo de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 4 minutos
"If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles. If you know yourself but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat. If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle".
Sun Tzu
Primero con Ucrania y ahora con Irán, estamos asistiendo a una transformación radical del arte de hacer la guerra, para decirlo con las palabras de Sun Tzu, el gran clásico de la estrategia militar que después ha sido adoptado con entusiasmo por el mundo del management.
Todos hemos visto que una parte fundamental de las guerras modernas es la velocidad. Detectar el máximo número de objetivos posibles, valorar su importancia y vulnerabilidad, decidir cuáles hay que atacar y ejecutar el ataque. Este proceso, con otros nombres, es bien conocido también en el mundo de la empresa. Cualquier directivo sabe que competir es observar, interpretar, priorizar y actuar antes que los demás. Incluso en un negocio tan alejado del campo de batalla como vender pisos, la lógica no es del todo diferente: hay que entender el mercado, captar oportunidades, elegir cuáles son más valiosas y actuar deprisa.
Este proceso se conoce como OODA loop: Observe, Orient, Decide, Act. Es decir, observar, orientarse, decidir y actuar. El concepto lo formuló el coronel estadounidense John Boyd, y su idea central era muy simple: quien sea capaz de completar este ciclo más rápido que el rival acabará imponiéndole las condiciones del combate. La novedad es que la inteligencia artificial ha acelerado este bucle hasta unos niveles desconocidos hasta ahora. Y cuando el tiempo de decisión se comprime tanto, cambian también las reglas del juego.
Esto es exactamente lo que empezamos a ver. La IA no es solo una herramienta para procesar más datos. Es una tecnología que reduce drásticamente el tiempo necesario para pasar de la detección de un objetivo a una propuesta de acción. Lo que antes exigía equipos enteros de analistas, horas de trabajo y largas cadenas jerárquicas, ahora se puede condensar en minutos o segundos. La estrategia no desaparece, pero se ve forzada a operar en un entorno mucho más inestable, donde la ventana para pensar se acorta constantemente.
La IA es una tecnología que reduce drásticamente el tiempo necesario para pasar de la detección de un objetivo a una propuesta de acción
Buena parte de esta transformación se debe al Project Maven, el programa del Pentágono lanzado en 2017 para aplicar IA al análisis de imágenes e inteligencia militar. Palantir se ha convertido en una pieza central de este ecosistema, y recientemente sus plataformas han integrado también modelos de lenguaje como Claude, de Anthropic. Palantir ha mostrado demos donde estos sistemas no se limitan a “ver” objetivos: también ayudan a interpretar información, responder preguntas en lenguaje natural, generar cursos de acción y recomendar activos o recursos para ejecutarlos.
Esto es importante porque la IA no transforma solo la fase de observación. También entra de lleno en la orientación y en la decisión. Un operador puede recibir una alerta automática, preguntar al sistema qué unidad enemiga hay en una zona determinada, pedir diferentes cursos de acción, generar una ruta de ataque e incluso planificar cómo inutilizar comunicaciones adversarias. El lenguaje natural se convierte así en una nueva interfaz de mando. La máquina ya no solo clasifica información: también propone.
Aquí es donde el OODA loop se acelera hasta un punto cualitativamente nuevo. Observar ya no significa solo acumular imágenes de satélite, vídeos de drones, señales electrónicas y datos del terreno. Significa fusionarlas en tiempo real. Orientarse ya no es únicamente tener analistas humanos conectando puntos, sino modelos que detectan patrones, clasifican objetos y convierten una avalancha de información en hipótesis operativas. Decidir ya no es solamente elegir entre opciones preparadas durante horas por un Estado Mayor, sino seleccionar entre alternativas generadas en segundos. Y actuar es hacerlo antes de que el adversario haya entendido del todo qué está pasando.
Estamos asistiendo a la transformación de la “kill chain”, la cadena que va de la detección del objetivo hasta el ataque. En la actual escalada militar con Irán, estos sistemas han ayudado a convertir torrentes de datos de campo de batalla en miles de misiones de una manera mucho más rápida. La cuestión no es solo la potencia de fuego, sino el ritmo cognitivo. Quien consigue cerrar antes el ciclo entre información y acción fuerza al otro a reaccionar siempre tarde y sobre un escenario que ya no existe.
La de Ucrania no ha sido solo una guerra convencional con drones, artillería y satélites. Ha sido también un laboratorio de guerra algorítmica
Por eso Ucrania ha sido tan determinante. La guerra de Ucrania no ha sido solo una guerra convencional con drones, artillería y satélites. Ha sido también un laboratorio de guerra algorítmica. Este 2026, el gobierno ucraniano ha anunciado con Palantir el Brave1 Dataroom, un entorno seguro para entrenar y probar modelos de IA con datos reales del campo de batalla. Según el Ministerio de Defensa ucraniano, la primera aplicación se centra en la detección autónoma y la intercepción de amenazas aéreas, especialmente drones. Es decir: la guerra no solo usa software, sino que genera los datos con los que se construirá la guerra siguiente.
Esto ayuda a entender por qué Palantir es hoy mucho más que un simple proveedor tecnológico. Es una infraestructura cognitiva. Sus herramientas no sustituyen a los militares, pero les ofrecen una nueva manera de ver, priorizar y actuar. Si antes la superioridad dependía sobre todo del número de soldados, tanques o misiles, ahora depende cada vez más de la capacidad de integrar sensores, software, datos y modelos para comprender el entorno más deprisa que el enemigo. La niebla de la guerra no desaparece, pero se procesa mejor. Y eso ya es una forma de superioridad estratégica.
Naturalmente, aquí es donde comienza también el vértigo. Cuanto más rápido es el ciclo, menos espacio queda para la duda, para el contraste y para la deliberación humana. El argumento tranquilizador habitual es que “siempre hay un humano en el bucle”. Pero eso es una media verdad. Porque la pregunta real no es si hay un humano formalmente presente, sino si dispone de suficiente tiempo, contexto y autonomía para contradecir la recomendación de la máquina. Cuando un sistema te presenta opciones plausibles, con apariencia de precisión y en un contexto de urgencia extrema, la tentación de validarlas casi automáticamente es enorme.
La superioridad del futuro no es solo militar ni siquiera tecnológica. Será, sobre todo, cognitiva
El problema no es solo técnico. Es político y moral. Y, sin embargo, sería ingenuo pensar que esto se puede detener fácilmente. Si una de las partes acelera el OODA loop con IA, la otra se ve obligada a hacer lo mismo. La lógica competitiva empuja hacia la adopción. Nadie quiere quedar atrapado en un ciclo de decisión más lento que el del rival. Por eso la guerra con IA no es solo una nueva fase tecnológica: es una nueva carrera armamentística, pero centrada en la capacidad de convertir datos en acción antes que el otro.
Esta es, al fin y al cabo, la gran lección para el management y para la geopolítica. La IA no cambia la guerra porque dispare sola, sino porque reorganiza el tiempo y la arquitectura de la decisión. Quien observa, se orienta, decide y actúa más deprisa y mejor, obliga al otro a vivir siempre en retraso. Sun Tzu decía que hay que conocer al enemigo y conocerse a uno mismo. En la guerra algorítmica del siglo XXI hay que añadir una tercera exigencia: conocer la infraestructura que transforma datos en órdenes, probabilidades en decisiones y decisiones en destrucción. Porque quizás la nueva superioridad estratégica no la tendrá quien tenga más y mejores armas, sino quien tenga la mejor infraestructura para convertir datos en acción. La superioridad del futuro no es solo militar ni siquiera tecnológica. Será, sobre todo, cognitiva.