Europa lleva años diciendo que quiere ser más soberana tecnológicamente. Quiere depender menos de Google, Amazon, Microsoft o Meta, construir infraestructura propia y recuperar terreno en la carrera de la inteligencia artificial.

Mientras tanto, los mercados europeos están ayudando a financiar una parte de la infraestructura que permite a estas empresas seguir ampliando su ventaja.

Alphabet, la matriz de Google, acaba de captar 6.000 millones de euros en bonos. Los inversores le habrían dejado casi tres veces más: la demanda superó los 17.000 millones. En mayo ya había emitido 9.000 millones más. En seis meses, Google ha levantado 15.000 millones de euros de deuda en moneda europea.

Y esto abre una pregunta interesante: ¿por qué una de las empresas más rentables del mundo necesita ir a buscar tanto dinero fuera?

La respuesta es que la factura de la IA está adquiriendo una escala extraordinaria. Alphabet prevé invertir hasta 205.000 millones de dólares este año, principalmente en infraestructura para la nube y la inteligencia artificial. En el tercer trimestre, su flujo de caja libre fue negativo en 9.100 millones de dólares.

Y no es un caso aislado. Las tecnológicas norteamericanas ya han emitido más de 250.000 millones de dólares en deuda este año. En Europa, las emisiones del sector alcanzan los 39.300 millones y los inversores calculan que podría haber entre 40.000 y 60.000 millones de euros más en preparación.

Europa parece tener menos dificultades para crear empresas que para convertirlas en gigantes

La contradicción sería menos incómoda si Europa no tuviera nada con qué competir. Pero no es así.

Europa tiene unos 325.000 profesionales trabajando en IA, prácticamente los mismos que Estados Unidos, y ambos ecosistemas crean aproximadamente 900 nuevas startups de IA financiadas por capital riesgo cada año. La diferencia no parece estar en la capacidad de generar talento o proyectos.

El problema aparece cuando toca crecer. En las rondas avanzadas, Europa captó 12.000 millones de dólares en 2025, frente a los 141.000 millones de Estados Unidos. Europa parece tener menos dificultades para crear empresas que para convertirlas en gigantes.

Y la financiación es solo una parte del problema. Un análisis de la OCDE sobre cerca de 190.000 startups europeas y norteamericanas concluye que las empresas europeas tardan, de media, aproximadamente un año y medio más en pasar de la primera patente a alcanzar escala. El Banco Europeo de Inversiones señala también la fragmentación regulatoria y unos mercados de capitales menos profundos como obstáculos para crecer dentro de la UE.

Para un inversor, esto también es riesgo.

Mistral demuestra que hay excepciones. La francesa levantó en septiembre 3.000 millones de euros, la ronda de capital más grande conseguida por una tecnológica privada europea. Pero Alphabet acaba de captar el doble de esta cantidad en una sola emisión de bonos en Europa. No son instrumentos comparables, pero sí dos demostraciones muy diferentes de músculo financiero.

Si Europa tiene talento, startups, capital y tecnología, ¿por qué es más fácil financiar el crecimiento de Alphabet o Amazon que hacer crecer el próximo Mistral?

El BCE calcula que las Big Tech norteamericanas ya representan casi el 10% de las nuevas emisiones de bonos corporativos no financieros denominados en euros. De momento no detecta que estén expulsando a las empresas europeas de la financiación, pero advierte que esta ola podría acabar encareciendo el crédito para otros sectores.

No hay nada de irracional en comprar bonos de Google. Los inversores buscan rentabilidad y seguridad. La pregunta es otra: ¿si Europa tiene talento, startups, capital y tecnología, por qué sigue siendo más fácil financiar el crecimiento de Alphabet o Amazon que asumir el riesgo de hacer crecer el próximo Mistral?

Quizás la soberanía tecnológica europea dependerá también de si Europa consigue crear un ecosistema donde su dinero pueda hacer crecer a sus propios gigantes antes de seguir haciendo más grandes los de los demás.